Hace unos días volví a utilizar Facebook para desahogarme en una de esas ocasiones en las que necesitas que todo el mundo se entere del monumental cabreo que te asiste. Normalmente cuando lo hago no estoy para que me lleven la contraria porque lo hago muy convencida, también esta vez. El caso es que di un titular potente pero sin mucho más y algunos no me pillaron e intentaron hacer que "entrara en razón". El problema era mío, yo criticaba un gesto pero lo hice con otro y a veces no es suficiente, hay que currárselo más porque los gestos son formas más simples y básicas de comunicación, pero también pueden ser muy complejas por todo lo que suponen de manera implícita, y en este caso lo era.

Cada día más contribuimos a un mundo atropellado de gestos y de imágenes, de titulares rimbombantes más o menos acorde con un contenido que en ocasiones se construye con la información justa. Hoy más que nunca una imagen vale más que mil palabras, y yo quiero saber, y ver, pero también quiero respeto, aparte de rigor. Porque las imágenes y los gestos juegan con nuestras emociones de forma rápida y efectiva, las imágenes son cercanas, crean empatía y llegan al corazón de las personas y precisamente por eso, habría que tener mucho cuidado con lo que se hace y cómo se cuenta, porque de unos a otros nos estamos acostumbrando a tolerar de todo y al mismo tiempo y eso tarde o temprano, pasará factura.

Esta vez me quejaba de la visita de los Reyes al criminal de Donald Trump, pero sobre todo del gesto el mismo día en que nos abrían el corazón de par en par con la imagen de unos niños enjaulados clamando por sus padres por obra y gracia del americano. No entraba a debatir sobre la necesidad de las visitas de estado o la diplomacia como salieron a explicarme algunos amigos, yo hablaba de gestos y más concretamente de gestos indecentes como el de dos señoras operadas hasta las cejas luciendo modelazo de me importa un rábano quien, con un pie de foto que reza que hablan de niños. Entiendo que los Reyes harán su trabajo, que ya es entender, pero no necesito ver esa foto y el simple hecho de que se produzca lo considero un atentado. De eso es de lo que yo hablo, de decencia y de respeto hacia mis vapuleadas tragaderas. Aun así me lo trago pero a riesgo de ser simple, o gracias a eso, lo denunciaré siempre.

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