Motociclismo El piloto roteño Marcos Garrido, de 14 años, muere en un accidente en el Campeonato de Andalucía en el Circuito de Jerez

Miedo libró un dura batalla con la ilusión. Se maquilló en una gris tarde de miradas esquivas y saludos afectuosos, se vistió extrañado con las telas ya descubiertas, trató de ahogarse en una copa de manzanilla que siguió a otra, pero salió a flote reforzado en un camerino de ensueño, entre flashes y jaleos, para instalarse en unas piernas cuando el telón estaba a punto, arrojando la copla hacia el vacío desconocido.El Asco nació insignificante, apenas se podía intuir en el inicio de guitarras y pitos, pero ya existía. Fue asomando su turbia piel palabra tras palabra, verso tras verso, en una copla a la que empezaron a salirle verrugas, supuraciones y llagas, cuando un monstruo horripilante tomó forma, para espantar a cualquiera que se atreviera a recibirlo.

La Ira fue un disparo. Una simple e ingeniosa bala, que no necesitó ni de 140 caracteres para alcanzar el alma de un ingenuo y cansado combatiente de teatro, que buscaba aprobación y complacencia en la bullanguera plaza de las opiniones. La Ira y su calor se apoderó de él, tomando el control sobre el sentido común.

La Tristeza surgió en una voz, en una enlatada voz. Se transmitió por cable y onda, se multiplicó en un amplificador y se escupió por los altavoces de un coche, para clavar su veneno a través del aguijón del nombre de la comparsa siguiente en el orden, veneno que duraría todo un año, sembrando dudas y desconciertos, inseguridades y renuncios.

La Alegría, siempre la alegría, mi reina. Arrancó en el escenario en forma de remate, alcanzó el foso como una nube que debía procesarse, pasó por butacas que asistían inauditas a una onda expansiva que, en centésimas, sacudía platea, palcos y anfiteatro, para estallar y convertirse en Júbilo ensordecedor en las fronteras del Paraíso.

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