Inaudito y esperpéntico, o al menos me lo parece. Les hablo de la cantidad de fotos que se hacen los políticos del equipo de gobierno de nuestro ayuntamiento (por suscribirme al municipio en el que vivo). Como si a los ciudadanos de aquí se nos pudiese engatusar viendo como los prebostes -con la excusa más peregrina, si es que se excusan- se atusan las chaquetas para inaugurar, clausurar, abrir, cerrar, llegar, partir, y si fuese el caso recibir al peso a cuanto 'quisque viviente' se acerque por el consistorio.

Y si esa es la tónica habitual, de cuatro años para acá, ni les cuento lo que lleva ocurriendo desde que la ínclita Susana Díaz adelantase los comicios andaluces al 2 de diciembre. Y lo que les rondaré morena, cuando se acerquen las elecciones municipales. Instantáneas para dar y tomar.

Lo de la fotografía tiene su aquel. Acuérdense de aquella gloriosa frase de Alfonso Guerra "el que se mueve, no sale en la foto", que dijera para dejar sentado que la disciplina del partido estaba por encima de todo (aunque luego, se le volviese en contra). En lo que nos ocupa parece todo al revés: "el que no se mueva y ande listo, no sale en la foto". Por eso, para estar en el candelero, a veces es necesario recurrir -como es el caso portuense-, a mostrarnos (por capítulos) la maquinaria que incorpora la nueva adjudicataria de limpieza, pongamos por caso. Y luego, la calles sin barrer.

Por el exceso de vanidad que se produce -que podemos comprobar tras los evidentes codazos para estar en primera fila- y porque la espiral de postureo en los medios de comunicación no para de crecer; los políticos más cercanos (los que gobiernan nuestra ciudad) han dejado de importarnos de manera visual. Sus múltiples apariciones en instantáneas (en ocasiones absurdas), dan para ese chascarrillo tan de moda en los corrillos portuenses: "muchas fotos y pocas soluciones".

Luego dirán que los que manifestamos lo que vemos a través de las columnas de opinión de un diario, somos catastrofistas. Juzguen ustedes mismos.

Y dicho lo dicho, me refugio (a fuerza de sentirme bien, tras deslumbrantes flases) en aquella genialidad de Auguste Renoir: "Una fotografía debe ser agradable, alegre y bella. Ya hay un montón de cosas aburridas en la vida".

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