Marius Schneider fue un musicólogo alemán que vino a España para estudiar, entre otras cosas, la jota española, similar a la tarantela italiana: danzas capaces de curar con las virtudes del movimiento acompasado al sonido de la música y la palabra, en un contexto donde el grupo auxilia y reintegra al individuo enfermo. En la época contemporánea personas particularmente inteligentes y sensibles van recuperando o redescubriendo este arsenal de antiguos conocimientos, que se vuelven a poner en circulación con distintos nombres y filosofías. Así, el psicoballet o psicodanza. Aquí en Cádiz tenemos la escuela Flick Flock, fundada en 1995 por Susana Alcón, que acoge un alumnado de niños y adolescentes con o sin discapacidad (diagnosticada o manifiesta). Hay también algún adulto, sobre todo antiguos alumnos y familiares que se implican en tareas de costura, pintura, regiduría, luz, sonido, etc. Tuve la suerte de asistir a su último espectáculo en el Teatro Falla (dificilísimo conseguir entrada). En la primera parte los alumnos representaron 'El jorobado de Notre Dame', y en la segunda el nuevo espectáculo de la Compañía: 'Uno'. Cada montaje (uno más épico, otro más lírico) venía a durar una hora. Es difícil imaginar lo que cuesta armar una coreografía tan larga con tantísima gente, y tanta gente menuda, sin que cunda el pánico. El resultado: una fiesta de armonía y sentimiento. En el escenario cada persona se afirma con su cuerpo y su posibilidad: nadie es invisible, nada es imposible: todo es necesario, humano, amable y bello. Alumno de Schneider fue Juan Eduardo Cirlot, el del famoso Diccionario de símbolos. Allí leemos que la Danza simboliza la creación y es una de las formas más antiguas de la magia. "Toda danza es una pantomima de la metamorfosis que tiende a convertir al bailarín en dios, demonio o una forma de existencia anhelada". Como espectadora siempre sentí que no hay mayor emoción que la del cuerpo en medio de la música. Y esa electricidad del deseo por la que mis ojos me convierten en la libertad magnífica de los otros, los bailarines. Quizá sea fácil percibir que la belleza es verdad. Pero hace falta más corazón para mostrar que la verdad es belleza.

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