Análisis

Juan Martín Bermúdez

Flamencos por el mundo

Hace días tuve la fortuna de participar -junto con otras quinientas personas- en una nueva edición del anillamiento de la colonia de flamencos de la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) que organiza desde 1986 la Junta de Andalucía con ayuda del Ayuntamiento, la Estación Biológica de Doñana, la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Asociación Ave Fénix, entre otras.

El dispositivo técnico y logístico necesario para la captura de los pollos y su posterior anillamiento es una operación muy delicada que requiere una planificación milimétrica y una disciplina férrea, algo que Manolo y Araceli cumplen a rajatabla para que los voluntarios no pierdan la concentración y los seiscientos flamencos que cada temporada anillan puedan sobrevolar del Golfo de Cádiz hasta Turquía ofreciendo información y deleite a los humanos.

Cada flamenco es analizado y marcado con dos anillas -una de lectura a distancia-, que permitirá realizar su seguimiento y estudiar aspectos biológicos como la dispersión, el uso de los humedales, el comportamiento reproductor o la supervivencia. Esta información es imprescindible para la gestión de la colonia y para evaluar el uso que la especie realiza -y el estado de conservación- de los humedales andaluces y de otros a lo largo y ancho del mundo.

La laguna de Fuente de Piedra reúne características únicas que la hacen idónea para albergar una de las escasas colonias reproductoras de flamencos que existen en el Mediterráneo. De enorme extensión -1.400 hectáreas- y ubicada estratégicamente en el centro de Andalucía, en años favorables acoge la mayor colonia de reproducción de todo el Mediterráneo y el noroeste de África, siendo la segunda mayor colonia de flamencos de Europa tras la Camarga francesa.

Este decano anillamiento concita un interés especial ya que confluyen en un mismo evento el estudio científico, medidas de conservación, actividades de educación y voluntariado, etc. Esto hace que acudan científicos, gestores, técnicos, ornitólogos y voluntarios de diferentes zonas de España, generando una actividad en Fuente de Piedra sin parangón en su calendario anual.

No resulta fácil abrochar a la población local a una colonia de flamencos; más encomiable aún es integrar a los vecinos en el centro de una laguna, que la sienten cada vez más suya, y el colmo es que flamenco y laguna sean identidad territorial y orgullo de los villafontenses… ¡Casi ná!

Pero esto no surge de la noche a la mañana. Su artífice es Manolo Rendón, un infatigable biólogo malagueño que ha entregado su vida a los humedales y ha sabido integrar a la comunidad científica y a la sociedad civil en torno a un acontecimiento natural que otros gestores obvian y que él y su equipo han conseguido convertir en el emblema de un pueblo.

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