Enrique Bartolomé

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Fernández Cortabarría

Justicia, igualdad y democracia. Pocas palabras más harían falta para definir a María de los Ángeles Fernández Cortabarría, merecedora de la tercera edición del Premio Menesteo, con el que el Ayuntamiento de El Puerto reconoce la trayectoria de las mujeres en El Puerto. Todo ello –según el jurado- “por su trayectoria militante durante la dictadura y la transición y por ocupar puestos de relevancia en organizaciones sindicales y políticas en una época en la que los puestos de responsabilidad y decisión eran mayoritariamente ocupados por hombres”. Y por muchas cuestiones más, o al menos a mi me lo parece.Vi, por primera vez a María de los Ángeles a principios de los setenta, cuando con su compañero Isidoro Gálvez acudía a casa de Jaime San Narciso, que además de buen médico era muy amigo de mi padre. Bien es cierto que ocurrió, mientras jugaba, con las hijas de Jaime y Tina y mis hermanos. Y las tertulias, entre los mayores, se dilataban en el tiempo.

Seguí su trayectoria a través de los medios de comunicación, como concejala en la primera corporación democrática, presidenta de la Cruz Roya después y como activista –en el justo término de la palabra- en distintos ámbitos. Asociaciones de vecinos, sindicatos y plataformas ciudadanas. Siempre al pié del cañón.Desde 2016 soy su abogado, en la demanda presentada por Daniel Pérez Lorenzo (consejero delegado de Apemsa a propuesta del PP). Es cuando de verdad la conocí, traté y admiré. Muchas horas de reuniones, acertadas opiniones suyas y la convicción de que la justicia debe amparar la libertad de expresión, me llevaron a asumir el reto jurídico de defender a Fernández Cortabarría. Su impecable honestidad era la argucia que siempre utilicé en los juzgados. Aún hoy pendiente de que la Audiencia Provincial resuelva, el defender lo que uno cree y persigue con ahínco debe tener la justa recompensa.

Decía Cicerón que la honradez es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho. Por ser como eres y por derecho propio mereces este galardón. Enhorabuena.

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