Análisis

Antonio morillo crespo

Falla y el pum, pum, pum…

Ruego, pido, imploro, suplico, que por favor en la playa sólo suenen el mar y sus olas

Nuestro genial Manuel de Falla, para componer su última obra, La Atlántida, se iba por las mañanas tempranito a la playa de Sancti Petri para oír las olas del mar, ese manso, suave y maravillosos sonido de las olas sobre la arena. Hace diez años escribí sobre este mismo tema y reproduzco una parte… porque la cosa sigue igual. ¡Qué manía!

"Después de estas primeras lluvias, he vuelto una tarde a ver el mar, el amigo mar. El sol calienta, el aire puro, más que nunca y el agua parece de cristal. He paseado por la playa y he visto como el océano ha reconquistado su propiedad, ha enviado sus olas y ha barrido la playa, ha limpiado miles de colillas y lo que no se ve. Ya no sonaba la música ¡qué alegría, qué placer! Porque muy, muy agradables son los chiringuitos, una cerveza, una copa, a la sombra, en tertulia.... Pero no comprendo el coñazo de su música (no tengo mejor expresión para calificarla) ¿Por qué todo el mundo ha de oír una música impuesta? ¿Por qué no les dan a sus clientes unos auriculares y dejan a los demás en paz? ¿Por qué no hacemos un pacto de amistad y entendimiento cuantos no queremos más música que el mar y los que quieren el pop- rock de Shakira o la electrónica Dance de Lady Gaga ?"

Sólo tengo que cambiar, porque me lo dicen, los nombres de los músicos. Ahora son por ejemplo, David Guetta y Maluma los autores del pum, pum y pum. Pero todo sigue igual. No hay manera de conseguir la paz, el silencio del mar. El asunto es que después del trabajo, hacia las dos de la tarde, bajo a la playa a darme un bañito y….la música del pum pum pum, machaconamente se impone sobre las arenas, la orilla y el mar. No hay manera de evitarlo. Quizás no haya nadie en esa hora en el chiringuito, a lo mejor solo el camarero en solitario limpiando los vasos, pero la música monótona del pum pan pùm, toca y toca incansablemente, como si fuera el tan tan de un poblado africano, en Malabo capital de Guinea Ecuatorial.

Me imagino el cabreo que se iba a tomar nuestro Manuel de Falla si en su paseo matinal tuviera que oír tamaña sordina, como si fuera el eco de su isla de la Atlántida, sacudida por un continuo terremoto nacido en las entrañas de la Tierra. Pregunto a un especialista en la materia y me dice que existe hoy día un sistema ecológico, que permite suene solamente en determinados sitios. Dicen que hay discotecas preparadas, que ni en la puerta se oye la música, para no molestar al vecindario. ¿Tanto cuesta eso?

P/D Ruego, pido, reclamo, imploro, suplico…que por favor en la playa sólo suenen el mar y sus olas. Ojalá pueda exclamar como la gran poetisa Rosalía de Castro aquel hermoso verso…. Aquí sentado estoy sobre la arena, desierta miro la extensión marina….llega a mis pies la espuma de la ola y huye otra vez cual la esperanza mía… Y yo, que no soy poeta, solo puedo decir gritando muy fuerte "la leche que mamó la musiquita".

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