Análisis

Guillermo F. Jiménez Rodríguez

Fácil solución

Debería enseñarse en los colegios la práctica de la respiración cardiopulmonar

He leído- hemos leído- en este Diario de Cádiz, muy bien narrada y con todo detalle, la triste noticia del fallecimiento, por ahogamiento, de un joven de 14 años en la playa de Valdelagrana. Fui, desgraciadamente, testigo de lo ocurrido. La fatalidad quiso que me encontrase allí a esa hora. Fui testigo de cómo la gente que se encontraba en la playa trataron de reanimarlo hasta que llegaran los servicios de emergencia. Bien es, en honor a la verdad, que los profesionales de la medicina de la ambulancia trabajaron con absoluta entrega- a todo pulmón- para lograr la salvación de este malogrado joven. No lo consiguieron. El personal de esta primera ambulancia viendo la situación, viendo la emergente necesidad habida, requirieron los servicios de otra debidamente equipada a tal fin. Desgraciadamente ni unos ni otros consiguieron sus objetivos.

Por ser un enamorado de la playa, y vivir en ella, he presenciado muchas veces casos similares a éste que nos ocupa. Lo ocurrido me ha dado dos grandes lecciones en mi vida. La primera lo efímero de nuestra existencia. Un joven de trece años ¡Cuántas ilusiones perdidas! ¡Cuántas ilusiones rotas!¡Cuántas ilusiones volarían del árbol de su vida! Un cuerpo yerto y frío, en la soledad, custodiado por dos policías. Por eso- lo he dicho en repetidas ocasiones- hagamos todo el bien que podamos que al fin de nuestras vidas no nos vayamos con las manos vacías. Que derramemos amor. El amor es el centro de nuestra vida. La segunda lección es que siempre he pensado en las vidas que pudieran salvarse sólo, simplemente, enseñando en los colegios, en los institutos, la práctica de la respiración cardiopulmonar. Cuántas vidas se salvarían colocando, adecuadamente, desfibriladores, que creo que hasta son baratos. O cosas así. Sencillas. Yo no sé pero ese dinero que a veces se derrocha en enseñanzas inútiles en los centros docentes como es, a mi juicio, ese dinero gastado en enseñar a un niño de ocho años, o quizás menos, educación sexual, que, vuelvo a decir, a mi juicio, lo que hace es despertar el apetito sexual en ellos. Ocasiones tendrán de aprender. En mis tiempos- ya estoy un poco pasado- no se enseñaba en los colegios nada de eso -gracias a Dios, era tabú-. Sin embargo cuando llegábamos a la adolescencia ya sabíamos... demasiado ¡La universidad de la vida! En fin, todo esto que expongo es siempre a mi juicio ¿Puedo estar equivocado? No lo sé, pero por lo que vemos y leemos cada día, creo que no. Una niña de diez años da a luz un hijo. El padre, un niño de catorce años. Unos niños de trece años agreden sexualmente a un niña de la misma edad. Una niña... . Noticias de este tipo la leemos y oímos todos los días. Repito ¿estoy equivocado? No lo sé. Cada cual saque sus conclusiones. Cada día pido a la Misericordia Divina que nos frene. Que esto pare. De lo contrario ¿a dónde llegaremos...?

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