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La Esperanza, más que nunca

Hoy es Viernes de Dolores, el principio de una Semana Santa distinta, sumergida en el dolor por lo que hay y lo que falta 

Hoy es Viernes de Dolores, un viernes escrito en oro en el calendario cofrade. Dicho de esta forma, parece un viernes más. Pero la realidad es otra muy distinta. Es, este año, una fecha rodeada de dolor, mucho dolor, de incertidumbres, donde el futuro es hoy, pero donde la Esperanza deja siempre abierta una rendija para que inspiremos un aire lleno de certezas.

Lo que debería ser un viernes más, este año se presenta, para los cofrades, como el principio de lo que viene. Una Semana Santa distinta, sumergida en dolor por lo que hay y lo que falta, quizás podríamos decir que es la Pasión hecha realidad. Una Semana de Pasión que nos tendremos que conformar con verla en Islapasión en casa, con los CD echando humo para escuchar las clásicas marchas isleñas. Cristo Rey, Dolor en su Soledad, Esperanza del Silencio, La Vera Cruz, La Oración del Huerto, Gracia y Esperanza, A mi Capataz, Atado a la Columna, Jesús Nazareno, Misericordia, Reina y Madre de la Paz y donde no puede faltar (sobre todo para los mas veteranos) el disco del penitente verde, todo con el incensario llenando la casa de un odorante perfume hasta quedarnos sin carbón.

Es verdad que la mente, el pensamiento, da prioridad a lo que esta sucediendo en nuestro país y por todo el mundo. Pero permítannos, a los cofrades, que nos quede un hueco en el pensamiento para poder soñar con lo que pudo ser y no es. Es un viernes distinto, y es una semana donde echaremos de menos muchas cosas como momentos vividos otros años, costumbres tradicionales, encuentros con los de siempre y en los mismos lugares.

Faltará esa foto fija del adoquín desde donde vemos salir la Borriquita a las cuatro de la tarde, ese repetitivo lugar de la Torta de la Iglesia Mayor donde nos situamos para ver sus salidas, o ese tramo de la calle Ancha donde nos situamos para ver bajar Afligidos y Vera Cruz, oliendo a azahar, o ese rinconcito del barrio de calles estrechas que los cofrades tenemos ya cogidos para ver las demás cofradías. Y, cómo no, Martes Santo, mi Martes Santo. El día especial para los cofrades del Huerto. La Gracia y Esperanza, la Esperanza de la Pastora. Esperanza, el sueño de todo un país en recuperar la normalidad arrebatada por un virus, maldito virus.

Vivencias de un Martes Santo que este año hace un paréntesis en la continuidad. Una continuidad de cuarenta y ocho años saliendo. Un Martes Santo de encuentros con amigos. Un Martes Santo junto a mi familia acompañando a la Esperanza, la Esperanza, una constante en mi vida. Como dije en mi Pregón, Esperanza es el estado al que se agarra todo creyente cunado necesita tener fe, creer en un milagro, creer en superar la adversidad, creer en tiempos mejores. Este año la serpentina blanca y verde del Huerto, de la Gracia y Esperanza no podrá rodear el barrio de la Pastora, no podrá repartir su olor por sus calles, pero este año la Esperanza se necesita mas que nunca y estoy seguro que no nos va a defraudar.

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