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Érase una vez... Tarantino

El destino nos lleva por sendas ocultas. Y si no que se lo digan al otrora desahuciado Sánchez

Quentin Tarantino la ha puesto sobre la mesa. El extravagante director norteamericano, especialista en homenajear los subgéneros cinematográficos, ha firmado su última película, protagonizada por Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie (con la aparición estelar de Al Pacino), con una maestría difícil de igualar. El largometraje homenajea tantas cosas que resultaría complicado enumerarlas sin desvelar alguna de las múltiples sorpresas que incluye. Y eso no va a suceder.

Como tampoco va a suceder que haya acuerdo entre el PSOE de Pedro Sánchez y Unidas Podemos, más aún cuando en la sesión de control al gobierno todo el mundo ha utilizado el altavoz de la retransmisión televisiva para hacer mella en el adversario, ponerse medallitas e intentar conseguir el vídeo más reproducido en Youtube. No es que haya habido demasiada originalidad, desde luego. Los diputados llevaban la lección bien aprendida y, al menos en el tiempo en que he estado viéndoles, ninguno se salió del guión preestablecido. Eso sí, alguno se retrata cada vez que abre la boca, no cabe duda.

Tarantino ha desplegado una ráfaga inagotable de recursos técnicos y artísticos hasta el punto de conseguir con sus trucos de tahúr de la claqueta que las casi tres horas de la película pasen volando (en parte gracias a las escenas de Brad Pitt sin camiseta). Mientras, nuestros políticos ejecutaban con prestancia y virtuosismo la Sonata para Besugos n.º 4 en Re Menor, Opus 31 "Y tú más". Tal que así:

Meritxell Batet concede la palabra a Ortega Smith, de Vox, quien pregunta a la ministra de Justicia si el Gobierno, en el hipotético supuesto de que se condene "a los golpistas" independentistas catalanes, va a indultarlos. Dolores Delgado le contesta que lo que hay que condenar son las muertes por la violencia de género que aquél niega. El abogado replica que qué pasa con el indulto y la fiscal le suelta que es un ignorante y que hasta que no haya una sentencia firme no se pueden solicitar indultos. Y así todo.

La peli de Tarantino es un maravilloso What If y, por tanto, encuadrable dentro del género de la ciencia ficción. Algo de ci-fi tiene también la pregunta condicional de Ortega Smith que la ministra tan torpemente se negó a contestar para no pisar el callo inadecuado. "¿Y si los condenan?". Cuando lleguemos a ese puente lo cruzaremos, pareció decir la vieja amiga de Baltasar Garzón.

El problema es que el visionario de Tarantino -igual que Hitchcock o Spielberg, antes que él- sabe que lo hipotético es en realidad una posibilidad normalmente cierta; improbable, quizá, pero no imposible. Por eso Érase una vez en Hollywood es una obra magna por su credibilidad, y porque el destino muchas veces es caprichoso y nos conduce por sendas ocultas. Y si no, que se lo digan al otrora desahuciado Sánchez que, instalado en Moncloa, espera que su final no se parezca en nada al de la peli de Quentin. Y hasta aquí puedo spoilear.

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