Que los militares se han levantado en Marruecos? Pues yo me voy a acostar", dijo Casares Quiroga, presidente del Gobierno, la noche del 17 de julio de 1936. Horas después, tropas sublevadas asediaban a tiros el Gobierno Civil de Cádiz, y apresaban al representante del gobierno legítimo republicano. El resto, ya saben, muerte, represión, dictadura…

Han pasado 84 años, pero el dilema sigue vivo: entrar o no al trapo de la provocación y la desestabilización. Es mejor no hacer caso a la ultraderecha, dicen, pero ello conduce a la insensatez de ignorar las señales que emite un peligro cuya existencia se niega.

Hoy, existen indicios -nunca dejan pruebas- de que van en serio, pues no tratan tanto de solventar una crisis sino de derribar (y quizá algo más) un gobierno legítimo. Nada como una crisis para procurar un régimen autoritario y tirar por la borda derechos civiles y libertades democráticas.

Vale, hace 84 años, pero a poco que se sepa de ello, existen singulares e inquietantes coincidencias en este año, también bisiesto. 1. Tratar de desprestigiar la política ("todos son iguales", "van a mangar"…). 2. Considerar ilegítimo a un gobierno legítimo (lo hacen a diario). 3. Llamadas a un gobierno de concentración (eso de 'concentración' es sólo un eufemismo. La Historia lo avala). 4. Los verdugos de la libertad se hacen las víctimas exigiendo libertades que suprimirán en cuanto puedan.

5. La existencia de un partido accidentalista, que se arrima acá o allá según sople el viento (entonces era el de Lerroux, hoy es Ciudadanos). 6. Odio a catalanes y vascos. 7. Un gobierno de coalición de izquierdas. 8. Control de los resortes del poder (tienen el poder político, el económico, el judicial y el mediático. Sólo les falta el gobierno). 9. Una monarquía en horas bajísimas, enredada en escándalos.

Más: ¿saben quién era el director de la Guardia Civil en 1936? El general Cabanellas, líder del primer gobierno golpista. ¿Y el Inspector de Carabineros? Queipo de Llano…

No sólo van a por Pedro y Pablo. Van a por todos nosotros. Y a por la democracia, que es más vulnerable de lo que se cree.

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