A lo largo de los siglos las formas, costumbres, los modos y hasta los gustos van cambiando. La propia educación nos refuerza valores, nos dota de un sentido de análisis distinto, y así, no es de extrañar que instituciones inmutables, al menos en apariencia, se transformen, evolucionen o incluso desaparezca.

Ello nos lleva a pensar en las instrucciones monárquicas como algo, quizás, caduco, sin contenido político, y para muchos algo que no alcancen a comprender, más por ignorancia que por sentido de estado. Y aun así, con perspectiva histórica, y analizando nuestra propia historia, hay personas y situaciones que fueron necesarias o claves.

Claro está que con los ojos, conocimientos, y actuales roles, para algunos pudo haber otras soluciones, soluciones que en otros momentos históricos ni se daban ni eran siquiera imaginables. En base a todo ello queda claro que cada persona puede forjarse una opinión, pueden tener, libremente, mas repulsa o menos sobre determinadas instituciones, y, si vamos más lejos, es incluso legítimo, para algunos, el reproche, igual de legítima la alabanza. Sin embargo, España se ha convertido en el país en donde sus instituciones y representantes apestan mas que una pocilga. Del mismo modo que puedo mostrar rechazo a la idea de que la sangre otorgue privilegios, del mismo modo que veo, hasta con malos ojos, que los méritos no sean los que encumbren a alguien, veo con malos ojos que hoy los méritos no sean más que el convencer a dos millones ignorantes para alcanzar el poder.

Que personas sin formación ni experiencia que jamás se prepararon para una vida pública, que ni saben de la vida, y mucho menos de lo que es el esfuerzo y el sacrificio, personas que jamás renunciaron a nada, y que a través del medrar, prometer lo irreal y ensuciarse la boca insultando al contrario (porque hoy en política es más el derribar  e insultar al de enfrente que el buscar el bien común) se encumbren cual reyes medievales, pasando de dignos o indignos sueldos a trenes de vida pantagruélicos es algo que, al menos a mí, me parecen incluso más caduco que una institución que trata de mantener el equilibrio político y ser embajada de un país.

Todo ello me lleva a que, aún siendo licito, pedir que se den explicaciones por regalos o deslices sabaneros, aún más explicaciones tendrían que pedir más de uno de los que han pasado por el “trono” para simplemente vivir como reyes, por la gracia de todos, a nuestra costa.

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