E l "buen gusto", como decían las damas y los caballeros de la Ilustración, allá por el siglo XVIII. En Madrid llegó hasta a haber una Academia del Buen Gusto en la Calle del Turco (donde mataron a Prim). Una persona elegante, dice la Real Academia, es alguien "dotado de gracia, nobleza y sencillez."

No parece fácil encontrar por cualquier parte personas que reúnan tan nobles cualidades. Claro que las hay, pero no son lo bastante conocidas; entre otras cosas, porque no suelen darse demasiada importancia, son personas discretas. Elegancia y estridencia son conceptos antagónicos. Los seres elegantes no andan por ahí pregonando sus virtudes, porque eso sería de muy mal gusto. Georges Brummel, un elegante muy distinguido, dijo algo así como que la verdadera elegancia consiste en pasar inadvertido. Claro que el famoso petimetre era cualquier cosa, menos sencillo, ya que, por lo que cuentan, empleaba más de dos horas diarias en vestirse y acicalarse.

Yo siempre he tenido la suerte de encontrar a personas elegantes cerca de mi. No puedo ponerme a citarlas una por una, porque esto sería interminable; sólo mencionaré unos cuantos ejemplos, los primeros que me vengan a la mente.

Mi amigo Mohamed, de Xauen, era sumamente elegante, tanto como discreto. Oficiaba de guía en esa maravillosa ciudad marroquí desde muy niño y topamos con él en una de nuestras frecuentes excursiones por aquellas queridas tierras. Mohamed sabía tomar sus propinas, como un príncipe hubiera sabido recibir su corona, con la misma naturalidad. Cuando fuimos haciendo amistad, nos visitaba en casa, en Tetuán, sin necesidad de ser invitado. Se sabía invitado, desplegando ese sentido de la hospitalidad que sólo he visto en los países árabes. Entendía que la hospitalidad ni tan siquiera exige correspondencia. Si tú eres mi amigo, me acojo con toda sencillez a la tuya, y no me hace falta explicitar que eso sería recíproco. Se sobreentiende.

Creo que en Marruecos es donde he encontrado más personas elegantes a lo largo de mi vida. Hassan Achaach, Mohamed El Moustaguit, Naïma, que trabajaba en nuestra casa, Saïd Sabia… Sin olvidar a los amigos judíos tetuaníes. Se ve que no es cosa sólo de raza o etnia.

En Chiclana también conozco a personas muy elegantes. Tal vez el paradigma de todos ellos haya sido Manolo Piñero, el inolvidable y, por ende, siempre presente en mi memoria. Si de gracia, nobleza y sencillez hablamos, pues tendremos que acordarnos de Manolito. Inevitable. Claro que él no agota la especie, como parece que sucede con los ángeles. Por suerte aquí disponemos de muchas personas de buen gusto. Por ejemplo el frutero y verdulero Pascual, que dispone sus hortalizas con un gusto incomparable. Pascual es persona discreta y extremadamente educada, por añadidura. Da gusto tratar con personas así. Hablando de comerciantes, mi amigo el carnicero Pepe merece un lugar destacado en la elegancia chiclanera. Pepe dispone de una de las virtudes clave de la gente elegante: el sentido del humor. Pepe las pilla al vuelo y, si de discreción hablamos, sabe acoger con una sonrisa zumbona los disparates con que le obsequiamos algunos de sus clientes, como sucede cuando coincidimos en su distinguido establecimiento Rafael Piñero ("Tapaera" insigne) y un servidor de ustedes.

El inventario sería muy extenso, así que suplico a mis elegantes de Chiclana que no se me ofendan, ya que me he limitado a citar un par de ejemplos en lo más inmediato, sin salir de mi barrio. Por ese hábito de tratar con personas elegantes, me rechinan una barbaridad las gentes zafias, inelegantes. Por desgracia, abundan demasiado.

En fechas recientes leí una noticia sumamente desagradable, referida a un individuo, un político en concreto, que trató de "hija de puta" a una compañera de grupo parlamentario. El tal Heredia, no contento con incurrir en semejante grosería, calumnió a otro compañero de su propio partido, y se animó a distinguir, en tono de descalificación, entre "adversarios" y "enemigos" políticos. Eso lo hizo en una reunión de jóvenes socialistas, que debió de confundir, en su ceguera, con miembros del Komsomol o de las Juventudes Hiterianas. Menos mal que no lo eran, porque grabaron y difundieron la soflama.

Por desdicha, no es caso aislado en la política, que debiera ser un territorio ejemplar en lo tocante a cortesía y elegancia. He visto en televisión a toda una Vicepresidenta del Gobierno tratar despectivamente a un grupo de la oposición, porque exhibía camisetas en el hemiciclo. Daba la impresión de que se consideraba ofendida por la presencia en el Parlamento de "gentecilla" diferente a la colección habitual de momias encorbatadas, al parecer propietarias naturales de los escaños. Muy poco elegante. Camiseta más o menos, un representante del pueblo es un representante del pueblo. A ver si nos enteramos.

Pues volviendo a Chiclana, y hablando de elegancia, este socialista, que apoya la candidatura de Pedro Sánchez, no le haría ascos a tomarse una copa con compañeros que han optado por las otras dos opciones. Creo que la aceptarían de buena gana. Aquí suceden esas cosas.

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