Resulta difícil sustraerse a pasar las elecciones desapercibidas. Resulta difícil mantener la objetividad, no querer decantarse por nada. Resulta difícil no mostrar simpatías, pero el ser humano sucumbe a su propia forma de ser, y como en el amor, al final, a todos nos emociona lo que a otros le repugna. Aun así, se alcanza una edad en la que comenzamos a dejar de sentir apego por una idea u otra, sobre todo, cuando queremos que quien nos gobierne de forma directa sea alguien cercano.

Resulta difícil ser imparcial, mucho más, mirar al frente y con la frente levantada aprender que, al margen de colores, lo justo y bueno lo es porque sí, sin pensar en las siglas. Pero a pesar de esto, seguimos empeñados en escuchar, a veces, tonterías que no se pueden desarrollar; en otras ocasiones, promesas que ya se hicieron y no se cumplieron; y en más de una ocasión zalamerías que a nada conducen. Pero si todo ello es difícil, peor aún es la mentira, un jinete apocalíptico que hoy es peor que la peste… tanto que aun quien pide limpieza en una campaña, es acusado de querer manipular; y quien nada dice criticado por quien quiera decirlo.

Me viene a la memoria aquel Santo que como penitencia y ejemplo puso a un matrimonio, cuando le confesaron que eran mentiras sus calumnias, que pelasen una gallina esparciendo sus plumas mientras caminaban, cuando acabaron, les dijo que recogieran todas las plumas. Mientras alegaban que eso era imposible, porque el viento, las pisadas, etcétera habrían dejado plumas por todos lados, el Santo les dijo que igual ocurría con las calumnias y mentiras, pues al igual que pelar una gallina, por mas que quisieran, era imposible recoger todas las plumas y toda la mentira.

Por ello, por el bien de la ciudad, solo confío en que cada cual defienda su idea, su programa, dejando que el libre albedrío haga su trabajo, sin esparcir plumas. Ojalá, por una vez, aquellos que quieren ser gobernados en lugar de gobernar sean lo más importante de una campaña; ojalá no se les vendan cosas que una amplia mayoría sabemos que no se podrán cumplir; ojalá por una vez la palabra democracia no sirva para criticar a quien decide qué quiere votar, alegando que el voto que no conviene es de alguien corto de mente.

Ojalá quien pierda no piense que quien vota se ha equivocado, y quien gane piense que se acertó… porque al fin y al cabo… la Democracia es que del 1 al 10.000 todos piensen que han ganado porque una decisión es al fin y al cabo, una decisión, sin ganadores ni perdedores. Pase lo que pase, la vida tiene que seguir, avanzando, y todos y cada uno de los que intentan gobernar, es de presuponer, que quieren lo mejor para su ciudad… no hay colores, simplemente gestión.

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