Era el único Instituto de Bachillerato cuando llegué a El Puerto hace ahora 40 años. El Muñoz Seca había facilitando que jóvenes de familia trabajadora se incorporaran a la enseñanza media, lo que en aquella época, en plena transición, no era poca cosa. Durante el franquismo, el Bachillerato, y no digamos la Universidad, sólo era accesible a familias acomodadas. Ahora hay 10 institutos, para que digan que no han cambiado las cosas.

Me encontré con un instituto muy peculiar, la mayoría del profesorado era joven, pero estaba dominado por una casta de catedráticos que provenían del Instituto Laboral, el actual Santo Domingo, que había dependido de la Falange. Algunos habían sido nombrados catedráticos, incluso habían conseguido el título, sin más méritos que su inquebrantable adhesión al Movimiento Nacional, el partido único del franquismo.

Pero el director, Enrique Bartolomé, era una persona culta y tolerante, que apoyaba las iniciativas de los más jóvenes. Además, tuve la suerte de que mi catedrático era un joven geólogo, Pepe Moral, con el que coincidía en la necesidad de cambiar drásticamente los métodos memorísticos de enseñanza; las ciencias experimentales –biología y geología- había que impartirlas en el laboratorio y en el campo.

Fueron años apasionantes, en los que la ilusión de los profesores y alumnos por el aprendizaje y la experimentación sobrepasaba los horarios lectivos. Por las tardes, en sábados o en vacaciones, el laboratorio siempre estaba ocupado, preparando colecciones de minerales y rocas, cuidando el acuario de especies marinas, organizando salidas al campo... La investigación era parte del aprendizaje; descubrimos una ballena fósil en la playa de Fuentebravía, levantamos el perfil geológico del litoral de la Costa Oeste, realizamos el primer estudio ecológico de Los Toruños, analizamos la contaminación del río Guadalete… y organizamos unos ya míticos campamentos naturalísticos en El Bosque, Constantina, Cazorla, Sierra de Gredos… El Instituto se convirtió en un referente de la didáctica de las ciencias naturales a nivel andaluz.

La enseñanza es una profesión maravillosa. El influir positivamente en el futuro de las personas, abrirles puertas, ayudar a mejorar la sociedad, las amistades que perduran… no tiene precio.

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