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Desde luego, hay que ver lo malamente (¡plas, plas!) que han dejado los exacerbados guionistas hollywoodienses a algunas de nuestras políticas patrias tras la que ha liado Daenerys Targaryen en el penúltimo capítulo de Juego de Tronos. Para que nos entendamos, me refiero a la chica rubia de rostro aniñado que cabalga unos dragones voladores más veloces y peligrosos que el tobogán de Estepona. Pues eso, pocos años atrás la moda era identificarse con la khalessi de Canción de Hielo y Fuego: una jovenzuela zaherida por la vida, maltratada por mil bastardos, que alcanza el liderazgo de un pueblo tras otro hasta convertirse en la reina de todas las casas y conseguir descansar sus cansadas posaderas -cabalgar dragones perjudica seriamente la columna vertebral y favorece la aparición de fístulas sacro-coxígeas- sobre el trono de hierro; una especie de lujoso sofá de espadas de LoMónaco que preserva el frío en invierno y el calor en verano: "Hielo y Fuego", ese es el significado oculto de la saga.

Pues resulta que la bella Daenerys, ya no tan enamoradísima de su Jon Nieve -que sigue sin saber nada, temporadas después-, está on fire (guiño) y cuando tiene que echar un par de ovarios como lideresa amarguea por donde los pepinos y gana sus oposiciones para Maléfica en Disneyworld. No sabemos si fueron los genes los que tiraron de ella hacia el lado oscuro de la fuerza o que la muchacha resultó ser pelín rencorosilla, pero lo cierto es que se ha convertido en la Georgie Dann de Game of Thrones, y no precisamente cantando El chiringuito. Vamos, que si los guionistas hubieran decidido que a Daenerys de la Tormenta, madre de dragones, rompedora de cadenas y barbacoísta aficionada de Poniente (haya o no levante) le hubiera aparecido bajo su graciosa naricilla un bigote más cercano al de Adolf que al de Arrocet, tampoco hubiera pasado nada.

La peña está realmente indignada, no en vano al pueblo llano español no le gusta que le tomen el pelo como a un dorniense, y menos aún si no han pasado cuatro años desde la última engañifa. Diría que está a punto de germinar un 15M anti Juego de Tronos que clamará por un final acorde a las expectativas de la mayoría bastante y silenciosa: se exige quórum en Invernalia.

Por otro lado, hay mucha gente quemada (guiño) con el prototípico colega cabrónido que trasnocha los lunes para ver el capítulo de JdT con la única intención de desvelar sus principales avances a los incautos que tengan la desgracia de sufrir su compañía personal o virtual; se trata del mismo typical hispanic personajillous que descerrajaría ráfagas de tiros sobre una tapia decorada con personas a pique de ser fusilatti con tomatti. O sea, un español de fábrica.

Total, que con la madre de dragones está la cosa que arde (guiño) y las politicastras que se tildaban de khalessis no ha mucho, guardan -¿lo oyen?- silencio ahora. Es lo que tiene el juego de tronos, que al final a las Cerseis de baratillo se les ven sus patitas de loba tras la piel de cordera poco antes de gritar "Drakarys" a los cuatro vientos, montadas en el tren de la escoba.

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