Puente de Ureña

El Dr. Cubillana

Pedimos una calle, por la nobleza de tu corazón y el trabajo y esfuerzo por la ciudad

Hace escasísimas fechas el Dr. Juan García Cubillana cumplió noventa años. Años que como en las soleras de las crianzas de los mejores caldos, todavía lo he hecho más generoso, más humano si cabe, más sensible. En un céntrico establecimiento de la localidad nos convocó a los amigos que aprecia para compartir con él la sublime fecha. Presidida por él y con su hijo Juan Manuel García Cubillana de la Cruz que ofició de maestro de ceremonias. Junto con ellos el presidente de la Real Academia José Enrique de Benito, su vicepresidente Juan Torrejón, su vocal de letras, Elena Martínez Rodríguez de Lema, el vocal de Ciencias y director del Museo Naval, Fernando Belizón, quienes junto a los académicos Manuel Baturone Santiago, José María Cano, los también compañeros de profesión, José Chamorro López y Joaquín Calap Calatayud, quien dirigió la tesis de doctorado del celebrante, Adelaida Bordés, José Carlos Fernández , Antonio Lamolda y Pepe Ríos Cartagena y cómo no, el que esto reseña disfrutamos con la emoción que demostraba a casi cada instante, Juan García Cubillana.

Siempre me distinguió con su amistad. Cuando recién terminado el bachiller, acaeciera el Centenario de la Plaza de Toros, me dio cartel para hablar de los toreros isleños. En esas lides inauguramos la Escuela de Tauromaquia y dimos conferencias, gracias a él, en las desaparecidas peñas de Ruiz Miguel y la Tertulia Taurina. Fue la persona que me contestó como recipiendario en mi entrada académica. Él junto con Alberto Orte, fueron decisivos en ello.

El coronel médico de la Armada, director del Hospital de Marina de San Carlos, trajo en ese periodo de tiempo los especialistas más reputados para el centro hospitalario isleño. Conferenciante amenísimo y jurado de premios literarios de la Academia de Medicina y qué se yo. Siempre a favor de su generoso corazón junto con su queridísima esposa, Manoli de la Cruz que gloria guarde. En su tesis doctoral decía y esto lo retrata, porque esto son recuerdos y no un currículo, decía "¿Tiene límites el amor? Es difícil apreciar su dimensión. En su grado superior, máximo o extremo es más que un sentimiento y más aún que natural y humano supera la mezquindad del propio yo."

Estimadísimo Juan, la verdad es paralela a la bondad. Siempre te entregaste a causas justas para una Isla que, desgraciadamente, iba degradándose. Con tu esfuerzo y apoyo la Isla creció y por eso, por la nobleza de tu corazón y el trabajo y esfuerzo por para la ciudad, pedimos una calle, que el Dr. Chamorro, adalid de la Idea, elevó a la Alcaldesa. Yo me siento orgulloso de esa amistad que me profesas y quiero que junto a tus ochenta familiares directos y tu "hermano" pintor, José Martínez Pepiño, rescatéis vuestra memoria de aquella Isla que hicisteis más grande para nosotros. Con esta décima te retrato en tu infinita amistad isleña. La Isla que tuvo sal/Esa sal que es agua cana/Con el doctor Cubillana/Se salva del arenal./ Es un agua bautismal/De isleño bien modelado/ Generoso y entregado/Para las causas isleñas/…Con noventa años sueña/con dar más de lo que ha dado.

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