El Club Naval de Oficiales ofrecía con Alfonso Ussía, una evocación de sus años de mili en Camposoto. El salón de actos lleno -estuve con más de quinientos marinos, mujeres de marinos y demás personas decentes-, escribe antier. El auditorio presidido por mi almirante Manuel Garat (Alflot), el general de división Antonio Planells (Comgeim), mi contraalmirante Antonio Martorel(Comgrupo-II) y mi contralmirante Cristóbal González-Aller (Carraca), así como por el presidente del Club, mi apreciado coronel Francisco Javier Delgado Rolandi, magnífico gestor del Club Naval. Imposible distinguir las voces de los ecos, es decir caras y nombre de una Isla grande, honesta y honorable que todavía existe y que colmaba el auditorio. (Y digo mis almirantes, porque como el señor Ussía sigo sintiéndome marinero en lo más profundo de mi ser).

Nos reímos. Primero por sus anécdotas sobre los conferenciantes que cogían el micrófono y se enamoraban de sus frases, y no sabían cuando acabar -submediocres de guardia, o poetas arrítmicos-,parece que ha vivido en la ínsula, y sus alrededores académicos.

Me emocionó cuando afirmó que su amor a España ya lo llevaba puesto cuando se incorporó a filas pero que allí se incrementó, como los valores de amistad, compañerismo, lealtad, obediencia, honor… El médico y articulista Pepe Chamorro recordó la anécdota de su abuelo que cuando iba camino de Paracüellos al sacrificio de los asesinos, al sentirse despojado, les dijo a los verdugos que no le podían quitar una cosa, y estos al volverse para rebuscar, oyeron que el tesoro era el sentido del humor. Sentido del humor heredado por su nieto, a pesar de los ripios de un tal Sabina.

Me emocionó cuando dijo que había dado un paseo por la historia de España, en su recorrido por el Panteón de Marinos Ilustres, y cuando terminó su intervención hablando de don Juan de Borbón, del que fue amigo, y dando un viva al Rey y otro a España.

Nosotros en la Tertulia de las Montañas llevamos años deleitándonos con su sentido del humor en la última página de la Razón. El presidente Acosta le concedió el otro día la cañaílla dorada de la Tertulia, por su premio obtenido en el Primer Certamen de Poesía Cangrejera autoconcedido por su Elegía al crustáceo decápodo y macruro, lo que le trasladaremos al edecán Sergio Pérez, para que a su vez lo comunique al autor.

Gran expectación. Conferencia amenísima, confirmación de nuestro sentido de patria y deber. Debate ofrecido, no como otros centros culturales conocidos y por conocer. Al salir vimos a Jan de Clerk de los hoteles Andaluces, a los compañeros académicos Fernando Belizón y Juan Torrejón. Y poco más. El gentío era inmenso. Éxito reconocido. Gracias a todos por ese rato. Por esa asistencia. Un Club Naval con corazón.

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