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Análisis

Juan Carlos jurado

Presidente del Consejo de Hermandades de Cádiz

Un Domingo de Ramos diferente

Aunque hoy la pena nos aflija, creo que es un gran día para abrazar la esperanza

Quisiera dirigirme a todos los gaditanos y gaditanas, cristianos o no, en un año difícil para la ciudad en el que las cofradías han antepuesto la responsabilidad cívica a su legítimo deseo de conmemorar públicamente la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es por ello, que hemos suspendido las salidas procesionales, aunque la Semana Santa seguirá viva en nosotros, celebrándola íntimamente en nuestras casas.

Hoy es uno de nuestros grandes días de fiesta, el Domingo de Ramos. En este día comenzaríamos los cofrades nuestra Semana Grande, y los pequeños con sus palmas anunciarían la llegada de Jesús a lomos de la borriquita, haciendo su entrada triunfal en Jerusalén. Con ello iniciaríamos el culto público en el que conmemoramos, por medio de las imágenes de nuestros titulares, a ese Jesús que murió en la Cruz entregando su vida por nosotros para resucitar en la mañana luminosa del Domingo de Pascua, crisol de nuestra fe.

Aunque este año la pena nos aflija por los fallecidos, los contagiados y la angustia de sus seres queridos, aquí y en todo el mundo, creo sinceramente que este es un gran día para abrazar la esperanza de un mundo nuevo, si todos nos comprometemos a ello. Podemos extraer una gran enseñanza del paso por la pandemia: lo principal y lo único importante es lo humano y no lo material. Ello está en la base del Mensaje que nos legó Jesús de Nazaret, que hará que esta primavera lo sea no sólo en la naturaleza sino también en nuestros corazones, impulsándonos a ser una "Iglesia en salida que abraza al ser humano", como la quiere el Papa Francisco.

Conozco la decepción lógica, que es también la mía, de muchos cofrades, sobre todo los más implicados en las labores de preparar los cultos, algunos celebrados y otros interrumpidos. Conservad el ánimo porque vuestros titulares lo han visto, valoran el sacrificio y os lo agradecen. Un beso a todos los niños y niñas que iban a salir por primera vez. Sé que no vais a perder la ilusión porque vuestros mayores os conservarán la esperanza de que el año que viene, esa ilusión será aún mayor. A los más jóvenes os pediría que os integréis aún más en vuestras hermandades, con la fuerza que os da la esperanza de salir el año que viene. Los más veteranos saben que somos cofrades todos los días del año y tenemos que dar gloria a Dios en la solidaridad, la liturgia y en la oración.

A los hermanos mayores les pediría que hagan un llamamiento a todos los hermanos , para que cuando el mal haya pasado, todas las cofradías de la ciudad celebremos el mismo día la Eucaristía de alabanza a Dios. Llenemos nuestras iglesias, demostrando a la sociedad que trabajamos todo el año y, con ello, llegaremos más preparados a la Semana Santa del año 2021.

En estos días tristes hemos valorado más a la familia, a los amigos y a los vecinos. Sigamos todos, más unidos si cabe, sin olvidar que el abandono, la soledad y la enfermedad del prójimo, siguen caminando a nuestro lado. Sé que es un momento excepcional y quiero apelar a la fortaleza y a la unión de todos los cofrades para seguir viviendo nuestra Semana Santa, sin olvidar el sentido religioso pues se celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús y eso no habrá nunca ningún virus, ni colectivo sectario que consiga quitárnoslo.

Aunque este año no podamos presenciar las imágenes recorriendo nuestras calles al son de marchas y bajo el influjo del incienso y el olor del azahar, aunque no podamos disfrutar del recogimiento y la oración en nuestro primer templo, más que nunca podemos y debemos acudir a la oración particular y privada, a la petición a nuestros sagrados titulares para que intercedan por nosotros y recuperemos, lo antes posible, una normalidad que en estos días se nos antoja tan necesaria para todos.

Por ello, aunque vengan días difíciles por las consecuencias tanto sociales como económicas que dejará la pandemia, continuemos los cofrades practicando la oración, la caridad y la solidaridad con el prójimo, siguiendo la única ley verdadera, la de Jesús de Nazaret: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado".

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