Balas de plata

Dolor de regla

Las bajas laborales por los dolores menstruales, son, eso sí, algo que no vi venir; concedámosle el premio a la inventiva a Irene Montero

A veces el día se ve desbordado de noticias frescas y preocupantes, plenas de ilusión o de desdoro, y otras parece que sólo ocurre nuestra propia vacuidad, la nada, apenas una repetición insolente que no muchos identifican como la pauta que realmente es. Sentarse a escribir una columna de opinión en uno de esos días vigorosos —como el de ayer— suele ser fácil. Se trata de sacar lustre a la pluma y brillar, sobre todo quien pueda. Unos resplandecen en capitales y otros bruñen el bronce en los pueblos, pero el brillo es el cielo, aquello a alcanzar.

Hay tantas noticias que mezclarlas puede vulgarizar el artículo, eso es así. Primero de todo, quiero decir que lamento mucho la caída en desgracia de la ministra que fue jueza, as known as Margarita Robles, la misma que no destituye, sino sustituye, madre militara, odiada —dicen— por Bolaños y futura víctima del Pistolero Sánchez, como llama Pérez-Reverte con buen tino al socio de Rufián. Aunque, por otro lado, ¿quién no es, fue, será víctima de Antuán? En fin, cambiemos de noticias para no reiterar las letanías.

En pleno escándalo/ridículo del CNI, con el independentismo haciendo leña del árbol caído y la oposición dando tralla como si no hubiera un mañana, el Pegasus provoca cortes de cabeza en  diferido, que diría Cospedal: a la directora se la han cepillado un año después de la brecha de seguridad. Casualmente ahora. Y cuando la cosa se pone tensa, el capitán del barco recuerda haberse olvidado el arpón en la última taberna y Cuca Gamarra se envalentona en estrados como si la protegiera el Ojo de Aggamotto. Alguien debió pensar en invocar el Pokemon escapista que nunca falla. Por Odín y por Tutatis, hablemos de abortos. A-BOR-TOS.

Que niñas que tienen prohibido conducir vehículos puedan abortar sin el consentimiento paterno tiene su aquél. Debe ser que el Ministerio de Igualdad ha pensado en ampliar el artículo 239 del Código Civil: "La emancipación tiene lugar: (…) 4º Por abortar siendo menor de edad".

Y ¡Chas! Aparezco a tu lado. La opinión pública se divide de inmediato en mil meandros serpenteantes. Cada cual determina su propia consideración y se autoclasifica con saña: proabortistas y antiabortistas. Con todo lo que ello supone. El ovillo de lana arrojado a las zarpas del gatito, la pérdida de las viejas amistades, los bloqueos preventivos en RRSS. Los hilos jurídicos de Twitter. Todos despistados. Al máximo. La "nueva" actualidad entierra otra noticia incómoda y desvía la atención del espectador con derecho a sufragio activo y pasivo hacia otro lugar. Cortinas de humo, elefantes blancos, el rebaño al matadero.

Las bajas laborales por los dolores menstruales, son, eso sí, algo que no vi venir. Concedámosle el premio a la inventiva a Irene Montero. Me parece al mismo tiempo bien y mal. Permítanme que insista (dicho con voz de Matías). De aquí al martes el gobierno y sus aliados discutirán el texto definitivo del proyecto de ley y entonces se verá el resultado final, es decir, descubriremos si esto ha sido otro globo sonda más o si por el contrario, volvemos a hablar sobre el abortos y no de una subida del IPC al 9,8% interanual que provoca un dolor espontáneo -de huevos y de ovarios- sin discriminar por motivos de sexo. A todos por igual. Sin piedad, que diría Eastwood.

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