Doctor Sánchez y Mr. Hyde

Un presidente nacional no puede negociar con otro autonómico algo contra la Constitución

La última novelería del gobierno es el anuncio de un mediador, conciliador o relator en las negociaciones que el presidente dice ha de tener con ese títere de Puigdemont que es Torra. Carmen Calvo, haciendo siempre gala de su elegante buenismo, alude a la necesidad de un negociador imparcial que escenifique el cariño con que miran a Cataluña, especialmente tras la enmienda a la totalidad de los presupuestos generales del Estado que ha presentado la Esquerra Republicana de Tardá y Rufián.

Poderosos barones socialistas han manifestado con mayor o menor contundencia su rechazo a esta extravagante genuflexión que Pedro Sánchez hará a los independentistas si coincide que no se encuentre volando voy, volando vengo. La molesta prensa ha comenzado a hacer cábalas sobre quién será el encargado de llevar a buen puerto USB esa reunión bilateral entre el sucesor de censurado y el descendiente en línea recta del prófugo.

Recuerdo una película protagonizada por Samuel L. Jackson titulada El Negociador, que podría revisar el presidente en uno de sus viajes aéreos por el mundo. Imagino que tras los muchos fracasos negociadores que ha sufrido el hombre que antes era solo Pedro Sánchez habrá aprendido ya trucos de tahúr y modismos de pistolero de salón. No hay más que ver el cobazo que le ha dado a sus socios podemistas con Nicolás Maduro: lo de ofrecer al venezolano ocho días para convocar elecciones democráticas en su país fue un movimiento brillante e hilarante a un tiempo. El problema lo tenemos cuando nos percatamos de que nos dan idéntico cobazo a los españoles en cuanto nos despistamos un poco, concretamente con el tema catalán.

Una lección que debemos tener clara es que hay líneas rojas que son intraspasables, límites que en cualquier negociación no pueden soslayarse porque implicarían una rendición o capitulación. Un presidente nacional no puede negociar con otro autonómico algo que va contra la Constitución, contra la ley vigente y contra el deseo de sus ciudadanos. Si se ampara en un relator no es más que por quedar bien, por postureo; busca que le aprueben sus presupuestos al mínimo coste político. Pedro Sánchez es ese personaje que Queen describía en The great pretender: su objetivo es llegar a 2020 gobernando como sea y lo cumplirá, si lo dejan, al precio que sea. Eso lo saben Pablo Casado y Albert Rivera, por eso le han arrojado al "traidor" del presidente duras críticas y acusaciones en el día de ayer, mentándole incluso la cárcel.

A pesar del exceso dialéctico de los líderes de la oposición, sobreactuando ante la cámara, lo cierto es que la figura del relator o mediador es absolutamente innecesaria porque las posiciones son irreconciliables. O deben serlo. El Sánchez que en octubre de 2017 instaba a Torra a acudir al Parlamento con luz y taquígrafos desea ahora negociar a nuestra espalda con un relator de su cuerda que levante acta escribiendo sólo con la mano izquierda. Y lo peor, pretende que nos traguemos ese sapo, este doctor Sánchez & Mr. Hyde de opereta que tenemos por presidente.

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