Día feliz para la ciudad de las tres ces. Los casquivanos del Carnaval y los cascarrabias del fútbol unidos por sus éxitos. La misa de ocho en San Francisco llena de gente rezánzole al Nazareno del Amor porque ese equipo amarillesco se quedara no sé en qué categoría. Me dice mi amiga Pura que al pobre Saturio casi le hacen dar la homilía con una bufanda del Cádiz puesta. Habrase visto. Y, al final, milagro. Y pensarán que el mérito es del entrenador o del pelotero que empujó la pelotita. Sin darse cuenta que estos, sin el hálito divino, sin el empuje de la patrona, sin los santos, no lo habrían conseguido. Pues bien, ni una plegaria de agradecimiento en ese templo pagano que es el Falla. Venga aplausos a la gente de Santander y venga Me han dicho que el amarillo, en vez de entonar unas glorias y arrepentirse por sus pecados.

Noche aciaga amigos míos. Y corriendo a la fuente, que algo bueno tienen los éxitos deportivos claro, al menos así se lavan de vez en cuando, porque da hasta grima verlos abrazándose sudorosos. Imagino que por allí llegaría también el arcarde. Anda que al final lo están descubriendo sus compinches y le están dando para el pelo en las coplillas, según me cuenta el sobrino de mi amiga Inmaculada Concepción. Ya era hora. Han tardado siete largos años en darse cuenta de que su mesías no es más que otro vividor que ya los ha olvidado. Que se lo coman con patatas ahora. Merecido se lo tienen.

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