La risa está mal vista. El humor, prohibido. Lo dijo en la entrega de los premios Princesa de Asturias, Adam Zagajewski, premio de las letras: "La poesía no está de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las bicicletas, los patinetes, los maratones, los medio maratones y la marcha nórdica están de moda. No está de moda detenerse en medio de un prado primaveral, ni la reflexión". Y por supuesto el humor. El humor, si se mira bien, no ha estado nunca de moda. Humor, como líquido del cuerpo humano aparece en la primera edición del Diccionario Académico y hasta la decimocuarta, en 1914, no aparece el término humorismo. Creo que no pasan de media docena los ingresos en la Real Academia que eligieron el humor como tema. Es ríspido esto.

Esa literatura huérfana de humor, crea una tradición en nuestro país sobre lo poco que se entiende en España de política y literatura que incide en la política y la literatura que se hace. En España, desde siempre, hacer política con la literatura se reduce entre los escritores a tomar partido por o contra los autores, primero, o contra y por su obra después. ¿Cuántos hemos oído que no les gustaba Cela por su "prepotencia" y no lo leían por eso? Un autor, por ejemplo, escribe un artículo donde hace alusión, a lo mejor velada, contra un gobernante. ¿Qué le espera? Ser denigrado por unos y exaltado por otros. No hay término medio. El viejo bizantinismo pueril, de o conmigo o contra mí. Y por consiguiente su obra será vituperada por unos y ensalzada por otros. Así anda todo revuelto en esta patria. Hablamos de ello mi amigo Antonio Guerra y yo, que somos lectores no contaminados. Llegamos a la conclusión de la imposibilidad humorística o irónica, cuando sólo medra el sarcasmo, la burla, la mordacidad, la chanza. El humorismo que es resaltar la realidad con el lado risueño o cómico de las cosas, no se estila. Los mejores literatos del siglo de oro sacarán sangre unos de otros, Quevedo contra Juan Ruiz de Alarcón, Góngora, Juan Pérez de Montalbán, Luis Vélez, Alonso del Castillo Solórzano, Salas Barbadillo y un muy largo etcétera.

Uno de los libros con los que más me reí fue El Quijote que, en su primera parte, es un puro chiste. Pero hubo gente contra Cervantes siempre. Quienes le negaron autoría, quienes le plagiaron y quienes criticaron si escribía bien o no, ejemplo: "Si las nubes de polvo, no les turbara y cegara la vista… Les sirvió de peine unas manos… concordancia y tiempo. El humor está mal visto. ¿Se puede ser un magnífico escritor y no tener buena sintaxis? No creo. Hasta al padre nuestro le señalaron leísmo. Pero el mundo es ansí, la poesía está demodé, la risa, vedada y todo trabajo expuesto al público se considera político.

Y la risa prohibida desde la indignación, hace morir la sátira. Al fin y al cabo, poesía pura.

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