Carlos Benjumeda

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Dificultades para el cambio

Se acercan las elecciones municipales y proliferan las formaciones políticas para entrar en liza electoral.

Muchos llegarán al Ayuntamiento y tomarán posesión del acta de concejal con la mochila cargada de ilusiones y muchas ganas de mejorar la ciudad. Con el paso de los días y los meses se darán cuenta de las dificultades que existen para sacar adelante, no sólo los proyectos más complejos, incluso las cuestiones aparentemente más sencillas de la gestión diaria de la ciudad, especialmente en una situación de crisis como la actual.

Muchos ciudadanos desconocen el funcionamiento de la administración municipal, y creen que los políticos tienen una varita mágica para hacer realidad cualquier proyecto. Pero la realidad es que en un sistema como el actual cualquier proyecto político, por muy mayoritario que sea entre la población, tiene que contar con el apoyo y el trabajo de los técnicos y funcionarios municipales para poder salir adelante. En general, la maquinaria administrativa es lenta y no parece haberse adaptado a las necesidades de una ciudad mucho más compleja de gestionar y con unas necesidades mucho mayores que la de hace unos años.

Por este motivo, por mucho esfuerzo que hagan los políticos (que muchos lo hacen sin duda), si ese esfuerzo no se corresponde con la voluntad de los técnicos y funcionarios municipales para trabajar en los proyectos, las dificultades para relanzar la ciudad y sacarla del bache en que se encuentra serán mucho mayores. Los cambios a nivel político para hacerse efectivos en El Puerto deben contar con el apoyo del aparato administrativo municipal. En caso contrario, surge la imposibilidad del cambio, por mucha voluntad que pueda existir tanto de la ciudadanía como de sus gobernantes.

La solución para resolver la cuadratura del círculo que existe entre el poder político surgido de las urnas y el poder de los técnicos y funcionarios de la administración es complicada, pero requiere de un estudio y una actualización de la legislación. El compromiso para poder salir de la crisis ha de ser colectivo, con implicación de todos los sectores productivos, fuerzas políticas, administraciones y ciudadanos.

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