Todos la vimos venir. Pero había que salvar la Navidad y sus bombillitas de colores. Entre unas cosas y otras, nos hemos tirado de coco en la tercera ola. Mientras, Moreno Bonilla se hace el guay.

Y a Bonilla haciéndose el guay se le pone toda la cara -fijarse bien- de Lolita Sevilla. La de 'Bienvenido Mr. Marshall', que venía mucho por Cádiz para las Fiestas Típicas. Así que cuando Bonilla anuncia algo haciéndose el guay, lo imagino tirando confetti desde lo alto de una carroza. No puedo evitarlo.

Esto del rostro de los dirigentes haciéndose los guays es digno de estudio. Mira Susana Díaz: cuanto más intenta parecer Heidi, más cara de Rottenmeier se le pone. O cuando Aznar intenta sonreír y le sale una mueca desdeñosa (no hablemos de su risa truculenta). O el amplio registro facial de Teófila que oscilaba entre "enfadada" y "muy enfadada". Susto. La Merkel no; ella siempre tiene el mismo careto, esté de buenas o de malas.

Pero a lo que iba, que estamos en plena tercera ola pandémica y ahora saca el gobierno andaluz unas normas y, entre ellas, figura que pueden saltárselas quienes practiquen la caza mayor o el esquí. En serio. Se publicó el pasado sábado en el BOJA, que ya debería llamarse más propiamente, BORJA.

Entonces te acuerdas de las fotos de ataúdes en la Gran Vía. De aquellas caceroladas en descapotable del barrio de Salamanca. De la manifestación de coches por nuestra Avenida pitando y pidiendo libertad. De los votos contra las medidas de contención que el gobierno intentaba sacar adelante en el Congreso. De la manifestación de los epidemiólogos de Horeca en Cádiz. De las burlas hacia la Unidad Militar de Emergencias UME, creada por Zapatero, y que Ayuso ridiculizó como una ONG. De declaraciones públicas que rozaban lo delictivo. De aquello de "Dejad que el gobierno autonómico gestione la pandemia. Hartos estamos de imposiciones".

Ahora no, ahora se hacen fotos quitando nieve con una pala e imploran la intervención de la UME. Ahora no quieren mojarse ni ser impopulares e intentan embarcar la pelota en el tejado del gobierno central.

Pero ellos sólo querían salvar la Navidad. Lo de salvar vidas lo dejamos para otro día.

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