Un partido de fútbol, da igual la categoría, no puede comenzar si no se identifica alguien como Delegado. Uno por cada equipo. Este Delegado de Equipo es a su vez la persona que representa al club. Lo que diga y haga es como si lo estuviese haciendo el presidente del club, porque le representa en ese momento.

Los clubes deberían contar con una serie de Delegados de Equipo en plantilla. Personas de la entera confianza del club que sepan actuar con corrección. Especialmente delicada es la designación del Delegado para un equipo de fútbol base. Con una actitud negativa, el Delegado de Equipo puede perjudicar mucho a los jugadores y también al club.

En un partido de fútbol base me cuentan cómo el Delegado de uno de los equipos, antes de empezar el partido, se acercó al banquillo del equipo contrario sin ninguna autorización para insultar al entrenador rival. Actuación que quedó impune porque el árbitro no lo escuchó. Estas conductas no hacen bien ni al fútbol base, ni al juego limpio ni a la formación de los chicos.

En otra ocasión, me dicen que un delegado protagonizó un incidente racista al insultar a un jugador que era menor y de color. Como el árbitro no lo escuchó, tampoco fue sancionado. Más grave es cuando me cuentan que, no hace mucho, un Delegado solía llevarse jugadores menores de edad a su casa para dormir. Nunca trascendió ningún delito, pero al menos dejó de hacerlo.

Da igual qué personas fueran. Da igual si son distintas o son la misma. Hay que huir de esos Delegados "profesionales" que deambulan de un club a otro cambiando de entrenador y buscando cuelo en un nuevo equipo.

Hacer daño a menores, de forma directa o indirecta, es lo más despreciable. Los clubes, entrenadores y padres deben cuidar eso.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios