Polémica Elías Ahuja, el gaditano que da nombre al colegio mayor de Madrid con expulsados por gritos machistas

A veces, circulan ideas interesantes por la red. Una de ellas dice que los días se presentan ante cada uno para que, en la medida que podamos, les demos forma. Eso quiere decir que, de alguna manera, somos los artífices de nuestro tiempo. Me parece interesante el pensamiento.

Somos los propios escultores de las cosas que transcurren a diario y así vamos construyendo nuestra propia historia. La diferencia no está tanto en lo que nos llegue sin esperarlo sino en saber cómo enfocar esa dificultad para que nos beneficie o para que no nos perjudique.

Dar forma a los días puede consistir en hacer la comida preferida a alguien querido y, sin palabras, sentirte recompensado al verlo sonreír. Puede ser disfrutar de un buen libro, o de la compañía de un amigo. O tratar de hacer nuestro trabajo diario de la mejor manera, sustituyendo la idea de castigo por la suerte de poder tener una responsabilidad laboral. Pasear, escribir o pensar en cómo agradecer la vida es una buena manera de enfrentarnos al tiempo. Ese corredor implacable que por nada ni nadie se detiene.

Para algunos, la vida tiene sentido si se disfruta a tope. Para otros es salir del círculo de comodidades y preguntarse cómo ayudar a los refugiados de Afganistán. Esas personas que lo han perdido todo y a las que nuestro país trata de auxiliar. Ante estas situaciones tan distintas, cada cual moldea los días a su manera.

A pesar de las adversidades, estoy convencida de que la vida es maravillosa.

Mientras nos quede tiempo no podemos desperdiciarlo viendo la televisión o aislándonos de los demás.

Para mí la inteligencia consiste en dar a cada día esa capacidad de enfoque vital y negarnos a caer en la desidia o en la rutina. En analizar cada contexto y saber cómo enfocarlo.

Sin embargo, cuando asoma septiembre, me cuesta demasiado aplicarme lo dicho: No quiero que se vayan lejos mis nietos cuando tendría que pensar en la suerte que hemos tenido por todo lo disfrutado durante este verano. Pero claro, para eso tendría que ser más inteligente, menos emotiva y aplicarme lo escrito.

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