Análisis

francisco andrés gallardo

Costuras

Son, realmente, el mismo programa pero en lugar de mimar a contrarreloj una becada soasada con trufa se pegan tijeretazos hasta hacer una falda plisada que está para comérsela. Entre Masterchef y Maestros de la costura claro, se cambia la cacerola y la vitro por la máquina de coser, con una misma mecánica y con un jurado que ya sólo con Lorenzo Caprile tendríamos bastante. El barbado arrolla con aspavientos todo a su paso. Ya de por sí Caprile empalaga y llega a hacer pantanoso el desarrollo de las galas. Shine Iberia es la productora de ambos formatos de una cadena pública desorientada en su programación nocturna, entregada a espacios eternos .

Una misma mecánica, con un formato tan largo, puede atrapar de manera irresistible a los aficionados a la fiambrera, que los hay por activa (les encanta la cocina) y por pasiva (les encanta comer); sin embargo el diseño, corte y confección, siendo incluso aún más apasionante como faceta artesanal, no despierta el mismo interés general. Al personal le gusta la ropa, la moda e incluso curiosear en el fascinante talento de unir telas hasta convertirlo todo en algo práctico y bello, pero no es una afición que alcance el entusiasmo gastronómico para seguir un programa durante horas, en una cita semanal que cada vez es más difícil cumplir (y aún menos cuando la cadena cambia de día y horario la cita).

Las noches televisivas son ahora de coser y cantar, pero el patronaje y la aguja, tras tantos siglos de machismo, pelea por dejar de ser una 'tarea femenina', un mundo extraño para casi todo el hemisferio masculino, aunque, como en la traslación a la cocina, se coticen los sastres (cada vez más escasos) y los nombres dorados estén dominados por hombres. Un programa de costura siempre lo tendrá más difícil para congregar a una audiencia generalista como sucede, en otro caso extremo, con Forjado a fuego, el Masterchef de armas y fragua. La 1 exige cifras y a Mega, que es donde van los forjadores, con poco público es suficiente. No dejan ambos de tener su punto friki.

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