Análisis

Manolo Fossati

Costas dirá

No estaría de más que enseñaran de una vez al público cuál es el plan que habrá de sustituir a esto que tiene ahora mismo tanta aceptación popular

Me resulta extraño, o tal vez lógico, o tal vez descorazonador, o a lo mejor congruente, que el sector hostelero gaditano, tan movilizado y reivindicativo a la hora de pedir ayudas y relajación de las medidas anticovid por el mazazo que está suponiendo para los suyos, aparezca tan desapegado de la suerte que están a punto de correr dos establecimientos de la Isla, en la playa de la Casería, que gozan en los últimos años de un indiscutible éxito comercial. Uno sufrirá un recorte importante en sus dimensiones e instalaciones y el otro desaparecerá del todo cuando se cumplan las que ya parecen irreversibles demoliciones de las casetas instaladas allí ilegalmente. La consecuencia será el inevitable, también, descenso de recursos económicos para los propietarios de los negocios y el paro para una buena parte de sus empleados. Y un pellizco más a la economía isleña.

Suponemos que todo eso lo habrá tenido también en cuenta la Jefatura de Costas cuando ha desestimado las alegaciones de los afectados por los derribos y, por seguir suponiendo, habrá calculado que lo que haya de hacerse allí será más beneficioso y que el indudable sacrificio merecerá la pena. Ya puestos, no estaría de más que enseñaran de una vez al público cuál es el plan que habrá de sustituir a esto que tiene ahora mismo tanta aceptación popular, no sólo en la localidad sino en toda la provincia y en buena parte de España. Sería bueno que viéramos que, además de destruir algo inadecuado, van a construir otra cosa plausible.

Y ya que estamos, nos gustaría saber si Costas tiene algo que decir del desastre que se muestra desde hace décadas a sólo unos metros de estas casetas que acaparan toda su atención; del abandono imperdonable que sufre todo el recinto de los antiguos polvorines de Fadricas; de los embates marítimos sin defensa que soportan sus muelles más que bicentenarios; de la derrota de su fuerte, testigo de tanto acontecimiento histórico grabado aún en sus paredes; de la desidia que derriba poco a poco el cementerio de los ingleses; del desprecio que corroe al puente de Ureña y de la indiferencia con la que los caños se ciegan y los muros se vuelven intransitables. ¿Qué tiene que decir Costas?

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