Muere Jesús Quintero Cuando una chirigota del Carnaval de Cádiz se disfrazó del Loco de la Colina

Destino Eurovisión, el programa que emite esta noche La 1 para decidir la canción que cantará Cantó en Rotterdam, apenas lo verán más allá que los muy entusiastas del festival. Ese colectivo festivo y gaseoso, que se convierte en material cortante en la noches señaladas, de los eurofans asistirá con cierta desgana a una gala con la que TVE parece haber correspondido con un punto de desencanto, como si fuera ya un lastre prolongar durante un año más la candidatura del murciano. Ha tenido que ser duro para Blas estar esta en suspenso de su participación y aún le queda un trimestre promocional. Tiene la pinta de que será con la balada Voy a quedarme, bastante mejor que su rival, Memoria.

Ninguna de las dos canciones propuestas tienen ese brillo de la pieza pegadiza o al menos de aparecer con sorpresa al oído. De nuevo seguimos sin tener la experiencia de ilusionarnos con un tema con aspiraciones ante la exigente, y a veces antipática, audiencia continental. Universo era floja y en esta segunda oportunidad no hay perspectivas de mejoría. Cante lo que cante cantó pasará más bien de largo por el programa de mayo, ya sea en Rotterdam como en una actuación enlatada, lo que terminará de deslucir una edición que nace trastabillada por todos los inconvenientes de la pandemia.

RTVE se ha tomado con más esmero la candidatura ya que en el último lustro se suceden los despropósitos (el merengue de Almaia que tuvo carácter amateur, el macarra del gallo, el disparate de La venda) pero la tendencia pasa una factura insalvable. El mejor puesto en las cinco últimas ediciones ha sido el 21º que ocupó con cierta injusticia Edurne. Los espectadores europeos hace ya tiempo que esperan poco de la candidatura española, así que era importante que Blas Cantó fuera capaz de brindar calidad e innovación. Lamentablemente, pase lo que pase hoy, no será así. Nos conformaremos con que sea capaz cuando llegue el momento de no quedar entre los seis o siete últimos. Algún año daremos la campanada eurovisiva. Y será más bien por casualidad.

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