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Análisis

Joaquín Aurioles

Cambio de época para el turismo

Ya tenemos los datos de un año completo para el turismo andaluz en tiempos de pandemia. 10 millones de turistas entre abril de 2020 y marzo de 2021, que son tres veces menos que un año antes, pese al espejismo de la desescalada del pasado verano, cuando la caída fue incluso inferior al 50%. También cayó la estancia media y el gasto diario (en torno al 30% y el 6%, respectivamente), pero el avance en la vacunación y el levantamiento de las restricciones de movilidad anuncian que la recuperación puede estar próxima e incluso la posibilidad de todo un cambio de época para el sector.

Habrá reestructuración empresarial (fusiones) y aumento temporal del desempleo. También darán la cara las insolvencias encubiertas por las medidas paliativas frente a la crisis y las dificultades de adaptación a los nuevos protocolos de relaciones y movilidad, pero la impresión general, tras los primeros atisbos de apertura, es que el deseo de viajar es mayor que nunca, especialmente entre la población más joven. En el sector están convencidos de que el potencial del mercado permanece básicamente intacto y que las expectativas empresariales podrían recuperarse de forma inmediata, una vez se reciban los primeros impulsos de actividad.

El principal baluarte es el progreso en la vacunación. En las circunstancias actuales, las condiciones de seguridad son tan relevantes como el precio del viaje, las características del alojamiento o la oferta de ocio. A los empresarios turísticos corresponde la adaptación inteligente de su oferta, pero a los responsables públicos cabe pedirles un especial esfuerzo de promoción de destino seguro y el cumplimiento efectivo de las normas de convivencia durante estas semanas clave, previas al verano.

Fitur (19-23 de mayo) puede ser un oportuno pistoletazo de salida hacia el objetivo de la temporada alta, pero también para fijar las convenciones que pueden marcar un cambio de época en la historia del turismo. Entre los eventos programados figuran paneles de discusión sobre tendencias que marcarán el futuro del sector. Algunos están abiertos desde hace algún tiempo, como el de la relación con el medio ambiente o el del turismo como oportunidad de desarrollo en países emergentes, que este año se centrará en el continente africano, pero otros surgen de la pandemia o se modifican a raíz de ella. Por ejemplo, la movilidad segura y con garantías para el viajero, como la anulación gratuita de reservas, o la captación de talento para el sector, entre cuyos beneficios estaría el de superar el estigma de la precariedad laboral o el falso supuesto de la reducida capacidad de generación de valor añadido.

Entre las tendencias que han cobrado nuevo impulso con la pandemia hay que destacar los cambios tecnológicos y la digitalización aplicada a la gestión de empresas y en servicios al cliente. Son efectos colaterales del confinamiento y del trabajo en casa, en forma de cambios de hábito con interesantes potencialidades turísticas. El problema de estos procesos dinámicos son las víctimas que quedan en el camino y que podría ser el caso de turoperadores y agencias de viaje, frente a las OTAs (agencias de turismo on line).

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