El Falla se ha llenado de bichos. Los hay de todos los colores y tamaños. Ratas, ratones, mariposas, saltamontes, abejas... Es como si este año los autores, cuya originalidad cada vez brilla más por su ausencia, se hubieran puesto de acuerdo para llenar el teatro de animalitos. Fíjense si hay animales que incluso uno de ellos ha grabado su nombre en una butaca. Jose, ha puesto la criaturita. Otro animal sin disfraz, capaz de sacar un punzón, una llave o un cuerno para herir de por vida el mobiliario del coqueto patio de butacas. Lo que yo digo, muchos bichos, demasiados en la fiesta del sobrevalorado Momo.

¿Se imaginan ustedes a algún cofrade destrozando una butaca del teatro durante el pregón de la Semana Santa? Imposible. Esa es la diferencia. La cultura y el saber estar, la educación. Que sí, que hay carnavaleros educados, pero hay cada prenda por ahí que da que pensar.

Yo por eso espero que la concejala Profidén, tan implicada ella, instale unas cámaras de vigilancia en el Falla para poder poner cara a los villanos que no saben comportarse. Así, con una suspensión de volver a entrar en el Falla en 50 años, igual a Jose y otros animales se les quitan las ganas de hacer el vaina.

No, si al final va a tener razón Josefina Junquera, cuando siendo concejala de Cultura intentó sin éxito en los 90 que el Carnaval no volviera a pisar las tablas del Falla. A una nave de la Zona Franca los mandaba yo. No dicen que el Carnaval es la principal industria de Cádiz, pues a suelo industrial.

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