Análisis

Ignacio Pérez Blanquer

¿Bastan el sol y la playa?

Las posibilidades del turismo cultural harían la oferta más atractiva y diversificada

M I padre era un portuense irredento y, como tal, había ido recopilando durante toda su vida bastantes cartapacios que estaban repletos de fotos, estampas, ilustraciones de almanaques y recortes de noticias que tenían alguna relación con El Puerto. Había retazos de Cruzados, de La Voz de la Bahía, del Diario de Cádiz, del España de Tánger, del ABC…, muchos de esos papeles tenían ese color inequívoco que indica el paso inexorable del tiempo.

Era frecuente que yo explorara en aquellos papeles con placer, allí me enteré de quién era Pedro de Villa, de la visita del rey Alfonso XIII a las cuevas de la Sierra de San Cristóbal y de muchas otras cosas. También había notas escritas de su propia mano. Una de ellas -con el 2002 en un margen- decía: "Las ciudades precisan venderse en el exterior, precisan tener atractivos lo suficientemente potentes como para atraer visitantes, que a su vez atraigan a nuevos visitantes. Visitantes de todo tipo: congresos, turistas, negocios, etc".

Le preocupaba la situación de El Puerto. En aquel 2002, el hoy nuestro le alarmaba. Hacía varios años que la pesca se había reducido a casi nada y las bodegas habían disminuido los empleos a centenares. La construcción era -según él- un camino incierto; algo que de la noche a la mañana -y así fue- podía acabarse. Quedaba el turismo, ¿el de sol y playa?

No se le descubre a nadie que el turismo de sol y playa presenta unas altas tasas de estacionalidad y que su demanda se concentra principalmente en los meses en los que, mayoritariamente, se pueden satisfacer las expectativas de aprovechar el sol y la playa. Y es poco factible poder obtener en dos meses de afluencia turística -o poco más- los beneficios suficientes para vivir todo el año.

Hay quienes consideramos alentadoras las posibilidades que nos puede brindar el turismo cultural (TC) que serviría para hacer más atractiva, y diversificar, la oferta turística tradicional basada en el binomio sol-playa. Es evidente que el TC exige la existencia de una industria cultural, entendiendo por 'industria cultural' el conjunto de organizaciones cuya principal actividad sería la producción de cultura y la obtención de beneficios con ella; creando mecanismos que buscan a la vez aumentar el consumo de sus productos, modificar los hábitos sociales, educar, informar y, finalmente, conducirnos hacia una sociedad más culta.

Pero ¿qué entendemos por 'turismo cultural'? La Organización Mundial del Turismo aporta una definición técnica: "Se entiende por TC el movimiento de personas debido esencialmente a motivos culturales como viajes de estudio, viajes a festivales u otros eventos artísticos, visitas a sitios o monumentos, viajes para estudiar la Naturaleza, el Arte, el Folklore, y las peregrinaciones".

No sé si el turismo cultural será nuestro futuro, pero es preciso tener claro que sin turismo no tenemos futuro.

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