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Los que luchamos contra la dictadura franquista, por la democracia y la libertad, estamos confusos. Resulta que la libertad que tantos esfuerzos costó, no consistía en disfrutar de la libertad de expresión, manifestación, reunión y asociación, del respeto a los derechos humanos, de la libertad de ideas y creencias; no, era la libertad de hacer lo que te dé la gana para poder ir a tomar unas cañas o comprar en unos grandes almacenes. Incluso es la libertad de que te dejen morir abandonado en una residencia.

Los que sufrimos detenciones y prisión, los que fueron torturados o fusilados, los que se tuvieron que exiliarse de su país, estaban totalmente equivocados; deberían haber defendido la dictadura, porque había libertad para tomarse una copa "donde me dé la gana".

En medio de una pandemia sin precedentes, con medidas restrictivas a nuestros derechos de reunión y libre circulación, es una temeridad enarbolar la insumisión a normas estatales aceptadas e, incluso exigidas, por la práctica totalidad de gobiernos de todos los colores políticos. Sólo se ha opuesto la extrema derecha y la triunfante presidenta madrileña. Las consecuencias de este populismo cervecero y chulapo pueden ser impredecibles. Todos estamos muy hartos de las restricciones; utilizar la exasperación ciudadana para lanzar proclamas de insumisión contra normas de control de la pandemia, es una temeridad. Pero hay quien lo hace y, además, le renta políticamente. Un mal ejemplo que puede llevarnos a una deriva irreversible.

El trumpismo ha triunfado, y eso no es bueno, por mucho que lo hayan decidido la mayoría de los madrileños. En vez de la confrontación de ideas, se está imponiendo la descalificación sistemática de la de los demás; en vez de opinar, se insulta agresivamente. Se convierten bulos y mentiras en lemas de campaña; se banaliza lo importante para remover los más bajos instintos de una sociedad.

La invocación torticera de la "Libertad", asociándola a "vivir a la madrileña", a que "lo hago porque me da la gana", es un insulto a la inteligencia y al resto del país, donde, al parecer, no disfrutamos de libertad porque no podemos comprar a la hora que nos dé la gana. Esperemos que, con la superación de la pandemia, la salud y la cordura vuelvan a nuestra sociedad.

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