Reconozco tener una manía insondable que no puedo sobrellevar: me repele el callejero de La Isla. No me refiero a que no me gusten sus calles ni tampoco entro en el merecimiento de aquellos que han sido bendecidos con un rótulo con su nombre por la comisión del nomenclátor municipal, sino a un pequeño detalle que me parece, incluso, una falta de respeto al homenajeado.

En los últimos años se han nombrado por todo lo largo y ancho de la ciudad decenas de nuevas vías que indican no sólo la persona a la que se ha dedicado la calle sino su oficio o profesión. Así, encontramos, por ejemplo, varias calles dedicadas a diputados, alcaldes, concejales, almirantes, generales, comandantes, un capitán, dos cartógrafos y luego otras vías menos "castrenses", como las dedicadas a un arquitecto, dos artesanos, profesores y maestros, condes y condesa, varios marqueses, un cardenal e incluso a un capataz (Nicolás Carrillo).

Resulta en cierto modo entrañable la cantidad de calles dedicadas a santos, doctores, poetas, pintores y escritores que hay en nuestra ciudad, lo que indica que se premia a quienes cuidan de nuestro cuerpo y nuestra alma. Sin embargo, algunas de esas calles me ofenden. Sí, vuelvo a reconocerlo. Me parecen ofensivamente redundantes e innecesarias las referencias a las profesiones u oficios que hicieron merecedores de esa dignidad a los callejeados.

Así, mientras se exhiben en nuestro callejero los rótulos sin identificación o atributo de gente tan importante y conocida como Agustina de Aragón, Ana María Matute, Argüelles, Benito Pérez Galdós, Francisco Ruiz Miguel, Goya, Calderón de la Barca, Isaac Peral, Juan Ramón Jiménez, Cervantes, Hernán Cortés, Chato de la Isla, Ramón y Cajal, Trajano, Juan Sebastián Elcano, Diego de Alvear, Lezo, Magallanes, Muñoz Torrero, Ortega y Gasset, Quevedo, Ramón Menéndez Pidal, Viriato o Velázquez, resulta sumamente ridículo que se otorguen calles o avenidas a los cantautores Víctor Jara y Carlos Cano, al escritor Luis Berenguer, al doctor Marañón, al torero Rafael Ortega, a la diputada Clara Campoamor, a la escritora María Zambrano, al escultor Antonio Bey, al presidente Salvador Allende, al pintor Torres Aleu o -y esto me escuece especialmente- a los poetas García Lorca, Rafael Alberti, José María Pemán, Luis Cernuda, Pablo Neruda, Vicente Alexandre y Hermanos Machado.

¿En serio resulta necesario aclarar que Lorca, Alberti o Neruda fueron y serán poetas? ¿Inaugurará nuestro ayuntamiento la calle Cantaor Camarón de La Isla? Creo que la comisión competente debe tirar del sentido común para hacer un repasito de las calles de La Isla, esas que dibujó en su día José Carlos Fernández (que no tiene calle) y armonizar el nomenclátor (que tan amablemente me facilitó Antonio Jiménez Rincón). Hay muchos nombres absurdos y faltan muchas calles por bautizar, y vamos tarde. Tenemos la del Doctor Revuelta Soba pero no la de Pepe Oneto, o la de David Domínguez Guimerá, o la de Rocío Gutiérrez Sierra, o la de Javier León, o la de Alex O'Dogherty. O la de Rafael Duarte, que como osen ponerle en su rótulo "Poeta" se quema a lo bonzo con toda seguridad.

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