La tarde caía, la fresca brisa arrastraba el calor hacia aquella bahía que se dibujaba frente a mí, al fondo, el puente, y a lo lejos, pero tan cerca que lo podía casi tocar, la silueta de una viejo vapor que solo surcaba las aguas de mi imaginación.

Eran otros tiempos vividos en la memoria, pero aun así, sentía el de ahora, el tiempo presente. El vapor de mis mente presente podría o no tener hueco para viejos sueños, mi vapor podría tener ese hueco para inversiones privadas ávidas de hacer negocio; también para proyectos públicos asaeteados por una oposición que siempre, siempre, encontraba un motivo de queja o ilegalidad no denunciable, pero sí alarmista.

Mi vapor si tenía hueco, pero se fue alejando, adentrándose en esa bahía, entre los sueños de nostálgicos que buscaban darle el sitio que merecía. Para algunos, tampoco supuso tanto, para muchos, fue parte de la ciudad; para la bahía, un referente que jamás dejaría de navegar ya fuera en sueños, coplas o verdades inventadas.

Quizás volviera, quizás no, y aun así, el proyecto ya de por si merecía incluirlo en mis sueños. La tarde caía, y mi vapor seguía surcando la bahía, alejándose siempre, pero sin moverse. Cerré los ojos, y al abrirlos de nuevo, ya no estaba, mi vapor se había marchado. Sin saber el porqué, decidí verificar donde estaba, y al llegar al viejo varadero vi que no estaba allí, los restos carcomidos, esparcidos por el suelo anunciaban movimiento, pero aquel viejo armazón, se había marchado.

No sé si volveremos a verlo surcando la bahía, dormitando en el rio mientras sus maderas reciben visitantes. No sé si finalmente, varado en la arena, será reflejo y enseña. No sé que pasará, y aun así, mientras pasan los días, musito aquel himno de la bahía, confiando en que quizás, este articulo solo sea el principio de un pronto… continuará.

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