Astronomía Una impresionante bola de fuego sobrevuela el Golfo de Cádiz a 69.000 km/hora

La gala de Eurovisión Junior es un formato dicharachero, alejado de la explotación infantil que podría afear algún prejuicio como el que emitió alguna dirección de TVE con el que se rompió la participación. Es un blanco momento de reunión continental, lo que viene bastante bien de cara a las nuevas generaciones. La música supera fronteras en un programa que precisamente ensalza la identidad local al exponerla al resto de países. Es una merienda rítmica que permite unir generaciones y sentimientos y experimentar aspectos de cara a la gala de los mayores.

En la edición de este año Eurojunior ha anotado mínimo de audiencia porque TVE no ha confiado en esta propuesta, cuando además los eurofans se han visto huérfanos en este año. Sería por lo de las actuaciones enlatadas que tal vez los directivos de Prado del Rey creyeron que no tenía demasiado aliciente.

Soleá, la más pequeñaja de la tarde, brindó una buena actuación y a la ganadora, la francesita, se le debe dar la enhorabuena aunque las redes clamaran por haber intervenido en play back, algo negado por la organización. Fue un espacio simpático, se hizo un papel correcto y las votaciones, pese al reducido número de participantes, llegaron a ser emocionantes. Pero lo vio poco público cuando podía ser una buena excusa para la reunión familiar.

TVE maltrataba de antemano el Eurovisión de los niños sin un programa previo y sin calentar lo que es un acontecimiento. Se cometió el desatino de iniciar uno de esos vulgares telefilme alemanes a las cuatro de la tarde para reanudarlo a la conclusión del festival, lo que convertía al musical más en un estorbo que otra cosa. Una directiva llegó a decir que para aumentar en audiencia tendría que ir llamando de casa en casa, frase que muestra la desesperación en que se vive en el despacho de Rosa María Mateo para atraer a unos espectadores que no confían ni en La 1 ni en La 2 ni en todo lo demás. Pero se percibe la sensación de que ni los de dentro confían en ellos mismos.

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