Sabía que no estaba en Sevilla, que la primavera aún no había llegado, y que las ultimas coplas de Carnaval aún enturbiaban el ambiente del cielo aborregado. Cerré los ojos, respiré profundamente y seguí paseando por la calle Larga en dirección a la estación. Los naranjos comenzaban a florecer, o al menos a mi se me antojó que sí, y el olor a azahares, fresco y penetrante, dejó que el sol se fuera abriendo paso y calentando las calles. La cuaresma ya había comenzado, lo cual se dejaba notar por el olor a incienso, el mismo que salía de alguna casa en donde la banda sonora a golpe de cornetas y tambores buscaba el aire envuelto en las volutas del aroma a mes de abril.

Curiosamente, pasamos del polvorón a los erizos casi sin darnos cuenta, y antes de que podamos hacer la digestión, las torrijas anuncian la nueva era. Para algunos, el racheado comienza en enero, pero lo cierto y verdad es que no nos damos cuenta de la Pasión hasta que no dejamos en el cajón los pitos de Carnaval. El Puerto, a pesar de no contar con la magnificencia de otras localidades, cercanas o lejanas, contará con su Semana Santa, digna y elegante, y sobre todo, nuestra. Esperemos que no ocurra como en otras ocasiones, en donde fiesta tan turística sea objeto de promoción anunciando en esta localidad la Semana Santa de Jerez, como ya ocurriera con aquellas publicidades que jalonaban la carretera en su momento. Y es que, al final, todo se reduce a cuestiones comerciales. Una ciudad que vive del turismo debe combinar de forma respetuosa el vender al turismo en la playa durante el día y el rezo de noche. El Puerto, con sus playas, ofrece una de las mejores ofertas primaverales, gastronomía, sol y devoción, todo combinable, compartible y deseado, pues quien no ha disfrutado de esas noches, con el cuerpo aún rojizo por el sol, de una cerveza mientras, tras soltar el vaso, un abanico de cirios nos traían el aroma del incienso y la imagen de una dolorosa al paso cualquiera de nuestras calles. Todos deberíamos valorar el inmenso despliegue de ofertas que tenemos, pues, mientras que otros pueden vender Cultura religiosa y gastronomía, nosotros podemos ofrecer sol, imaginería y una oferta gastronómica inigualable. Ahora solo queda que San Pedro decida abrirle las puertas al sol y guarde las nubes para el próximo invierno. Buena cuaresma.

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