Análisis

Pedro G. Tuero

Nuestro Ateneo

Con quince años de existencia ha conseguido ser referente cultural en esta Chiclana querida

Eso de finalizar el curso es algo que, a los que nos hemos entregado toda una vida a la docencia, nos resulta inmensamente familiar y tan cercano. Ya así el pasado domingo nuestro notable colega en este apreciado Diario, Guillermo A. del Real, a esto también se refería. No obstante, ese final de curso al que hoy alude este escribidor es el de nuestro Ateneo chiclanero.

Una muy trascendental institución con quince años de existencia que ha ido consiguiendo, entre otros objetivos, ser ese referente cultural en esta Chiclana querida. Siendo éste el motivo primordial en el que se han volcado todos los esfuerzos y conseguir que toda la ciudadanía tomase conciencia de su presencia y participase en tan numerosas actividades.

Algo que no ha sido fácil, pues a lo largo de este camino ha habido vaivenes y sacudidas, pero con ese ánimo y sentido ateneísta que embarga y llena a sus componentes y directivos, ha ido saliendo hacia adelante. Y siempre con ese empuje colmado de altruismo e independencia y el afán de mantener la ilusión de fomentar la creación de espacios que sean puntos de encuentros ilustrativo y social. Manteniendo un ambiente de convivencia donde el Ateneo atienda esas necesidades culturales de esta sociedad chiclanera y sea consciente además de contar con una institución con la que compartir e intercambiar opiniones diversas e interesantes.

Y estas son palabras y referentes que no son todos míos, aunque este escribidor está totalmente de acuerdo, sino de su presidente Francisco L. Fernández Escalante, gran amigo y muy apreciado. Unido a esa importante Junta Directiva que él dirige, fomentando y desarrollando unánimemente todo lo expuesto anteriormente.

Fin de curso del Ateneo chiclanero con esa serie de actividades muy atractivas y sugerentes como el Club de lectura; presentaciones de libros; tertulias; la celebración anual del Día del Libro; la bonita exaltación del equinoccio primaveral y otras tantas excursiones y visitas culturales; sin olvidarnos de las más relevantes exposiciones o conferencias de personajes muy significativos tanto a nivel local como regional o nacional.

Y de esta importante institución de la que hablo, que tampoco es la primera vez que lo hago como recordará mi fiel lector, leo el texto de un bonito cuadro que tengo delante que enmarca un interesante diploma donde se dice que, según el artículo número seis de sus estatutos, acuerda por unanimidad nombrar "ateneísta de mérito" a este modesto articulista "lunero". Algo que agradezco de todo corazón y orgullo al conocer que es la primera vez en su historia que tiene lugar un nombramiento como éste.

¡Y cuánto echamos de menos que no haya un Ateneo así -tan importante y de verdad- en nuestra Isla de siempre!

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