Lo popular no es lo barato, afirmaba Jules K. Brown, en su "Metonimia de los gobiernos" adenda a su teoría de la involución de las especies. El maldito Jules, postula que lo que la gente hace con su cuerpo, amén de lo que hace con su mente y con los valores aristotélicos da un resultado que es una galería de monstruos, a saber, gente normal. Ejemplos:

En el ínsulo hay más envidia que populistas en América Latina, animales en los zoológicos o desforestación en el Amazonas. En la Isla el que no está resentido se anda resintiendo, jefe en amarulencias y pesares. En la Isla... Juro que he visto perorar en estos términos más veces que vasijas tiene un museo, sobre todo a personas que, en algún momento, sostenían lo contrario, es decir que la Isla era lo mejor, según el rasero o el momento en el que se hallasen. Me acordé de mi amigo Catalino Pérez, ex tertuliano del Falla, que invocaba siempre que sucedía un desafuero a las coñetas de la Caleta y a las pamplinas de la plaza de Mina. Para él, por lo visto, lo que no fuera burguesía gaditana era alta aristocracia isleña, como las bocas y los chocos. Fue precisamente Argimiro Limeta quién en compañía del Ciego de Antequera, declamador de trovas y de trabas, vivió la dualidad isleña en propia experiencia. Habían ido a un recital de cante a una asociación prepolítica de barra y bingo y les salió un liróforo estrofador, subserie declamativa- quejumbrosa, vestido con traje gris corbeta, calva tipo ensenada, con algún pelo ralo peatonal, que es el que cruza el vado de un aladar a otro, por si tapa algo o algo queda por tapar. Declamó unas estrofas no por sensibles, elegantes, y juró y perjuró que no le daban sitio porque era radical de izquierdas, bebedor guadiana y parafarmaceútico andrógino de alóes, mixturas y panaceas, alefanginas y balsamías fierabrases, hipocrás, apósitos sinapismales y filipéndulas.

¿Usted cree, de verdad, que es por eso?

Ojú, yo, no vea usted, lo que creo yo. No le digo más sino que soy sinderésico.

El Argimiro Limeta, por la noche, cuando se encontró a un político de confianza, - confianza, ¿de quién? - según él, le espetó lo ocurrido. Oye, ¿Por qué tenéis marginado a Merenganito, que es un recitador no dado al frigonianismo y los aspavientos, a la filatería y a los endiosamientos capitulares... experto en fonética histórica y defensor del stress y el pitch a ultranza?

¿Qué? Pero, sí nosotros no...

Entonces, para más ítem, habló con la oposición, con los sindicatos, con las demás asociaciones, con los entes que piden y nunca arreglan nada y también habló hasta con el padre de la muchacha...

No hay derecho. !No hay derecho!

Pero si eso que recita es el Mairena. Es más viejo que el 98.

Al recitador descubierto, felibre advenetriz, exetista neológico, aquejado de penelopismo astrigente, letrisado de vanidad, le tocó más tarde la primitiva, y cuando se sintió rico aspiró a una plaza en la Diputación Provincial pero eso sí, amparado por la derecha. Alguno le preguntó , ¿qué cómo explicaba su tranfuguismo ideológico.

El dinero no entiende de izquierdas. Yo, ya,sí.

Al día siguiente Catalino Pérez, decía cosas, cómo que lo dio todo en este ínsulo para recibir sólo desprecios, y que él detesta a los sabios que no lo son para sí mismos

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