Puente de Ureña

Año nuevo, miedos viejos

Me han vuelto alérgico a la política, siempre falaz, siempre contra los bolsillos del trabajador

El día aparece por debajo de la persiana. Abierta un poco, como la esperanza o el miedo, que nunca cierran del todo. Es la navidad más compleja y laica que en el mundo ha sido. Menos mal que con el alba a cuestas, veo todos los días la estrella de Belén, o lo que dicen los astrónomos, astrólogos y ateos que fue el misterio.

Las calles están muy pobladas. Con mascarillas, con recelo, con bolsas y compras para el miércoles que será el día de Reyes, el día en el que miríadas de niños despertarán del sueño, excitados, nerviosos por los juguetes y la posibilidad de los juegos durante todo el día. Se ha ido el año nefando, pero llega este, con el covid en dos cepas distintas, con las vacunas escasas y sin tener clara la eficacia. Por otra parte, soy, me han vuelto, alérgico a la política, siempre falaz, siempre contra los bolsillos del trabajador, vía erte o paro, porque llevo siglos oyendo y viviendo el curso incurso sin decurso, de los mismos discursos de ayer, de anteayer, de siempre.

La parte noble de la parte oscura, ¿redime las putadas? Que dice Sisita, que vuelve a la isla desperimetrada y sardónica. Me dice que es fiel a Marco Aurelio, quia voluit, porque sí, desde que leyó su aserto: Quién ha mirado el presente, ha mirado todas las cosas, las que ocurrieron en el pasado y las que ocurrirán en el porvenir.

Pero, ¿es Navidad? Dentro del egoísmo cíclico que crea el miedo, ¿es Navidad? Luces exornando palacios y cabañas, Escaparates, centros comerciales, las peceras de precios, con las familias separadas, los números de contagios y muertes, bailando en telediarios, prensa y radios. Colas para el tren de los niños, en los distintos locales de emprendedores. Todo muy envarado. Muy seco. Las luces pobres del alumbrado no consiguen alumbrar los ojos apagados de los isleños.

Prefiero evocar, con Sisita, los nacimientos sin luces de mi infancia, el río de papel plateado, una hilacha de estaño, Panderetas, matracas, grutas de papel de estraza, con arena del Zaporito. Era un tiempo en el que la alegría superaba a la pobreza. Y no como ahora con el imperio absoluto del consumismo en fiesta y vacación, a pesar del covid. Sisita me pregunta por la literatura, cómo no, por las tertulias disueltas, por los presuntos escritores que dicen que son, según ellos, conductores de almas hacia el ideal literario. Le hablo de todos los libros de Montiel y del de Manolo Ramos. Nacidos como libros reclusos durante el confinamiento. Me afirma que los va a leer. Que se los autopondrá de Reyes.

El día se aclara por debajo de las persianas de la ínsula. Y, no quiero ser duro, y no le digo que no le podría contar el desdén callado que me inspiran ciertas gentes, altas y bajas, del mundo de la política, de la cultura y de la literatura…

Desde hace tiempo, ese en el que todo se ve, han cesado casi todos de tener la menor relación con el progreso social…Es año nuevo. ¿Tristeza nueva?

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