La búsqueda de los restos perdidos de Cervantes, que nadie puede asegurar que son de él, tras el aquelarre mediático que se montó en esta España cainita después de "estudiar" los escasos huesos trinitarios que no podían ser contrastados, porque los huesos de su hermana también fueron arrojados en un osario común indiscriminado, como le llamábamos en el ayuntamiento cuando llevé el cementerio municipal, donde yacen Luís Berenguer y Camarón y donde yaceremos nosotros.

¿Por qué ocurrió el desafuero? Porque durante muchos decenios el Quijote, su magna obra, no provocó otra cosa que no fuese el silencio y el olvido. Como en la Isla, esa mediocridad institucional permanente de todos los partidos políticos. Recibió más desprecios que elogios y, por supuesto plagios, porque los mediocres, en el fondo, cantan por lo que copian.

En Francia y en Inglaterra, el libro triunfó o fue reconocido antes que aquí. Según Rico Manrique, en esos países, "el libro tuvo una vivaz presencia y operó como poderoso fermento de la creación". ¿Y la Hispania? ¿La tierra de conejos. La envidiosa, la celosa, la cicatera, la de ahora? Me encanta una frase al respecto de Vicente Gaos: "Ni habrá ínsula ni ínsulos en el mundo que me conozcan”.

La primera nación que elevó al Quijote al parnaso actual fue Inglaterra. España no. España injusta y no lectora. ¿Nos suena?. La primera parte tuvo dos impresiones, la de 1.605 y otra en 1.608, que reportarían cinco mil ejemplares, pero consta que en 1.623, no se había agotado la de 1.608 y, a su vez, le quedaban al editor, casi 400 de la segunda parte de 1.615. Francia también se distinguió por publicar el Quijote con sendos bandos contrapuestos encabezados por los hermanos Perrault. Mientras, la España charanguista y cicatera, mantenía que el Quijote era un libro para reír y el protagonista un perturbado digno de burlas y cuchufletas. Tanto que Blas de Nasarre y Agustín de Montiano reimprimiendo el Quijote de Avellaneda como ejemplo de "estar libre de los defectos que cometió Cervantes". Y, en base, encima de ello, la Real Academia los premió con su elección para la misma.

¿Por qué escribo sobre el lado macilento del país y de las gentes que son involutivas y radicales? Pues porque se ha muerto Ángel Aparicio, la única persona que me ayudó literariamente en este erial insulario, y lo digo contando lo de Cervantes, porque Aparicio lo tenía como libro de cabecera.

¿Saben ustedes quién fue el mayor entusiasta y fan del Quijote en nuestra patria? Un francés que llegó a reinarnos. Felipe V. El de la casa de las cadenas en la Alameda Moreno de Guerra porque estuvo en la Isla en la casa de Macé. El duque de Anjou escribió en su lengua materna un tomo V, porque él lo había usado en cuatro volúmenes.

Y Ángel, hizo una Galería de Arte, creó el Premio Juan Lobón en homenaje a Berenguer, y luchó por la cultura, esa que anda hoy con apagón total de los sentidos.

Él dio su apoyo. Testigo soy. Valga su lucha por la España entera y por el saladar de aquí. Uno de los escasos luchadores. Mi querido Ángel te deseo que la nada no pise tu memoria.

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