Hernán Díaz ha tenido la ocurrencia de exigir a Ecologistas en Acción que elimine de su web y redes sociales todas las referencias a su persona; todas alusivas a denuncias fundadas, imputaciones, procesos… Si un alcalde no quiere que lo recuerden por sus condenas judiciales, lo tiene fácil, que cumpla y haga cumplir las leyes. Hernán no hizo ni lo uno, ni lo otro.

El que fuera todopoderoso alcalde del municipio, que llegó a tener medios de comunicación a su servicio para aumentar su boato, y que tenía un afán de protagonismo desmedido, ahora quiere que lo olvidemos.

Como ha dictaminado la Agencia Española de Protección de Datos, un político no puede pretender que los medios de comunicación, webs y redes incluyan un currículo a su medida; eliminar todas las noticias negativas, y que sólo se conserven las noticias de las inauguraciones, o de las gloriosas noches electorales.

No deberíamos olvidar jamás cómo un grupo de oportunistas, bajo el lema de “Viva El Puerto”, consiguió llegar al gobierno municipal; ni olvidar al partido que lo apoyó. Cuando llegan unos políticos con eslóganes simples, suelen encubrir que lo que pretenden es aprovecharse de las prebendas del poder en beneficio propio y de sus allegados. Engordar sus cuentas corrientes con el dinero fácil de la corrupción. Esa fue la gestión de un alcalde que pretendió estar por encima de la ley. Varias de sus condenas por prevaricación lo han sido por apoyar la construcción de viviendas ilegales en zonas protegidas, como el Pinar de Coig o junto a las lagunas. Otra, por blanqueo de capitales. Sus soflamas en los Plenos, jaleado por los constructores ilegales, se convertían en ficticia amnesia ante el juez.

Hernán fue el prototipo de político que creía que el poder no tenía límites, y lo utilizó contra los pocos que nos enfrentamos a sus excesos. A mí llegó a amenazarme con desterrarme, desconociendo que tal pena franquista ya no existía. Más grave fue cuando encargó a funcionarios municipales espiarme. Hicieron un informe sobre mi vivienda, que, ante su sorpresa, concluía que no se había cometido ilegalidad alguna. No obstante, siguió lanzando acusaciones falsas, cobardes e injuriosas.

La justicia es lentísima, pero con perseverancia, podemos evitar que la corrupción quede impune.

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