Análisis

pedro castilla

Alfonso Castro: Una luz en el camino

En estos momentos que sufrimos el coronavirús, donde muchos dan lo mejor del ser humano, emocionándonos y contagiándonos en esa generosa y desprendida entrega y los menos, lo peor, se nos ha ido una de esas personas que también ha entregado su vida al servicio de los demás y que merece la pena reflejarla para que esta sociedad salga fortalecida en valores.

Existen personas que, a pesar de su virtuosa humildad, sencillez y de su silencioso hacer, son conocidas y admiradas por todos. Se nos ha marchado Alfonso Castro de la misma forma como vivió: sin hacer ruidos y en la íntima soledad de sus más cercanos, porque el momento así lo requiere.

Alfonso encontraba a Jesús, sobre el que giraba toda su vida, en cualesquiera de las personas que sufría y con las que tanto se sacrificaba y trabajaba. Es por ello que, todos los que le conocíamos, también veíamos en Alfonso el verdadero rostro de Jesús; cercano a los empobrecidos, a los excluidos, a los jóvenes sin esperanzas de empleo, a los drogadictos, a los encarcelados…

Su permanente preocupación por solucionar los grandes sufrimientos de los ninguneados de esta sociedad, desde su posición de cura obrero, le llevó a cofundar SOCORENA, una cooperativa social y solidaria, que priorizaba el bienestar de todos sus trabajadores por encima del lucro económico. Así como diversas asociaciones, pequeñas empresas, fundaciones y pisos de acogidas varios, para así poder promover el empleo juvenil, tan enconado en las barriadas marginales o atender los múltiples problemas y necesidades que se manifiestan en el olvidado mundo de la exclusión social.

Este gran sacerdote, que cambió la sotana con olor a incienso por un pantalón manchado de preocupaciones y dolores ajenos, demostró que la mística no está reñida con el activismo social, ambas se necesitan y complementan.

Alfonso no sólo ha secundado los pasos del Nazareno, sino que nos ha dejado la Ruta de cómo seguirlo; luchando por la Dignidad de las personas y por los Derechos Humanos, que viene a ser lo mismo que los valores cristianos promulgan.

Se nos ha marchado tal como vivió: en prudente silencio y sin ruidos, precisamente un Jueves Santo, día del Amor Fraterno, que para Alfonso no significaba sólo un día sino toda una Vida.

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