Muere Jesús Quintero Cuando una chirigota del Carnaval de Cádiz se disfrazó del Loco de la Colina

Me ha alegrado el que un joven gaditano, Miguel Ángel Sastre, haya sido nombrado coordinador general de las Nuevas Generaciones del Partido Popular.

Mi alegría no tiene nada que ver con la sorpresa porque sea gaditano ya que conozco muy bien la probada valía de nuestros jóvenes. Ni tiene que ver con un grupo político porque yo no juego en la liga de los partidos. Mi alegría se debe a que siga habiendo personas que creen que dedicarse a la actividad política, como servicio a la sociedad, es algo que merece la pena.

Muy a menudo escuchamos críticas a los políticos y a la política en general. La corrupción, que es cosas de solo algunos, debe ser perseguida y castigada, pero no se puede generalizar. Sembrar desconfianza en torno a la política es sembrar mesianismo. ¿Deseamos, acaso, que aparezca un jefe maravilloso e inmaculado para echarnos en sus brazos, dejarnos guiar como corderos y permitir que como tal nos trate? ¿Esa es la alternativa? ¿Tan poca memoria tenemos?

La mayoría de los políticos, como el resto de ciudadanos, son serios, honestos y eficaces. Les deseo suerte y rezo por todos ellos. No lo tienen fácil pero son imprescindibles. Tanto como el personal sanitario, los docentes o los panaderos, por ejemplo.

La política es una de las formas más elevadas de la caridad, decía Pío XI. Y Martí escribía: "Política es el arte de levantar hasta la justicia la humanidad injusta", añadiendo: "La política es un sacerdocio cuando empujan a ella gran peligro patrio o alma grande".

La política es algo demasiado serio para dejarla en manos de los políticos. Por eso, hay que apoyarlos sí, pero también controlarlos. Política es respeto y honestidad. Es tender puentes y dialogar. Es sumar y multiplicar, no dividir o restar. Es pensar siempre en el bien común por encima del propio o el del partido. Esa política y esos políticos existen. Me alegro que a esa tarea se sigan incorporando nuevas personas y les deseo que sus buenos propósitos no sucumban a la mala política.

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