Pese a la desesperante lentitud de los avances, a los retrocesos puntuales, a las olas de movimientos retrógrados a los que periódicamente nos enfrentamos, ser mujer es hoy algo más fácil que en el pasado.

Claro que, como el camino no es único ni recto, como hay mil senderos que andar para acabar con cada uno de los obstáculos que nos siguen impidiendo ir al mismo ritmo que a nuestros compañeros, esta generalización no siempre responde a la verdad. Porque en algunas de estas veredas hemos puesto la marcha atrás.

La presión sobre la imagen y el aspecto físico es un ejemplo evidente porque, de hecho, salta a la vista. Mi yo adolescente respira aliviada por haber atravesado esa etapa hace ya 25 años. Nos quejábamos entonces de la cultura de la imagen, de los prototipos de mujeres inalcanzables que nos imponían como modelos a los que aspirar… y no imaginábamos hasta dónde podía agravarse el asunto. Porque entonces podías sentirte frustrada por no parecerte a Claudia Schiffer pero, al fin y al cabo, había excusa: las supermodelos se contaban con los dedos de una mano. Ahora tu vecina, tu compañera de clase, tu prima… todas están estupendas. Estar estupenda (según los estándares actuales, me refiero) es la norma.

Y no basta con poner un filtro a la foto. Hay que currárselo. Hay que ver miles de tutoriales de youtube para conocer las últimas tendencias de maquillaje y dominar el contouring, hacerse elaborados peinados que la influencer de turno ha puesto de moda, retocarse las cejas, hacerse la depilación integral, ir a que te hagan las uñas, combinar con acierto el vestuario… poco menos que hay que sacarse una FP de esteticién para salir de casa. Esa inversión en conocimientos (y en tiempo) yo me la pude ahorrar, porque la ignorancia es a veces salvadora y creíamos que para sacarnos partido lo máximo que podíamos hacer era lavarnos el pelo y ponernos ropa diferente a la que habíamos llevado al instituto.

No éramos tan guapas, pero ganamos mucho tiempo libre para pasarlo bien y, aunque no lo sabíamos, vivíamos con menos presión que nuestras sucesoras.

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