Al comprobar el efecto que ha tenido el vídeo 'Ateo' de C. Tangana y N. Peluso, tengo la sensación de que la sociedad actual se comporta como los actores de una película mala en la que al argumento se le ven los “mimbres”, cada uno reacciona ante los hechos respondiendo a un maniqueo papel asignado.

Digo esto porque todo parece un montaje destinado a ganar seguidores a toda costa. Cada nuevo vídeo del álbum ha sido estudiado al milímetro para conseguir fascinar, conmover, provocar… El éxito estaba servido. En la promoción de 'Ateo', nada es casual, no hay más que ver las referencias mitológicas a Perseo y Medusa, utilizadas al revés para conectar con el movimiento de “empoderamiento” de la mujer; la elección de la catedral de Toledo por sus sugerentes pinturas; las referencias televisivas con los cameos… Da la sensación de que el único de esta función que ha actuado desde la ingenuidad ha sido el deán de la catedral, quien realmente no vio un problema en la letra ni en la grabación de la canción dentro de la iglesia.

La supuesta provocación viene por mezclar erotismo y elementos religiosos. Realmente la fusión no es novedosa, se suma a una larga tradición en nuestra literatura en la que se ha usado el lenguaje amoroso para hablar de amor divino (San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús…) o se ha tirado de vocabulario religioso para el amor humano (La Celestina, Garcilaso…) En cuanto a lo visual tampoco veo el escándalo, ya que para la actual forma de bailar en las pistas, los movimientos de Nathy Peluso resultan casi recatados. Y por lo que respecta a su cacareado desnudo, conviene recordar que aparece pixelado.

La polémica refleja el actual momento de crispación en que nos comportamos como decía al principio como actores representando un papel. El artista provoca porque sabe que las redes reaccionan; la iglesia más retrógrada y carca sale al quite para contentar a sus seguidores más extremistas… La polémica está servida, el éxito asegurado. La campaña publicitaria corre sola gracias al ruido de las redes y la reacción del obispo, haciendo dimitir al deán, no ha hecho más que empeorar la situación. O mejorarla pensarán los productores frotándose las manos.

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