Cultura

La verdad de los piratas

  • Óscar Lobato presenta su novela 'La fuerza y el viento' en San Fernando con un relato en el que mezcla historia, realidad, ficción y nombres propios

Óscar Lobato, antes de la presentación en La Isla. Óscar Lobato, antes de la presentación en La Isla.

Óscar Lobato, antes de la presentación en La Isla. / román ríos

El autor llama la atención sobre su obra. Capta el interés de los presentes, algunos ya lectores de la novela, otros futuros devoradores de sus páginas, a través de la historia que cuenta: real y ficticia, con personajes inventados y nombres propios de la realidad, anónimos y conocidos. No deja indiferente, y ya fuera, quienes aún no tienen un ejemplar, lo compran. Aunque sea para aprender algo muy actual: cómo operan los paraísos fiscales, "porque no todos funcional igual", advierte el escritor Óscar Lobato, que ayer daba pinceladas de su tercera novela, La fuerza y el viento, en el centro de congresos de San Fernando.

¿De qué habla un escritor en la presentación de un libro sin desgranar muchos detalles de su obra? ¿Puede conseguir atraer a los lectores sin desentrañar algunas de las claves de su trabajo? Óscar Lobato lo consiguió ayer en La Isla, al acercarse al tema de la piratería moderna, uno de las ideas que desarrolla en las páginas de La fuerza y el viento, volviendo la vista a sus orígenes y la imagen distorsionada que el ciudadano de a pie tiene de los piratas. A ello ha contribuido Hollywood, sostiene con argumentos, al proyectar un perfil que difiere de la realidad: las películas proponen un personaje romántico, un estereotipo alejado de las verdaderas características de estos personajes. En realidad, asegura, confunden el concepto con los corsarios. "El corso era una forma de hacer negocio reglada, permitida", apunta. "En San Fernando existe un monumento a la memoria de ilustres corsarios de España, el Panteón de Marinos Ilustres", añade ante la sonrisa del público. Vicente Yáñez Pinzón, Baltasar Hidalgo, Diego Butrón, Antonio Barceló...

Los asistentes siguen cada apunte, cada comentario, y no dejan de tomar nota -aunque sea mental- de algunos otros nombres que ofrece de verdaderos piratas: Artemisa Caria (siglo V a.C.); Jeanne de Belleville, conocida como la Tigresa Bretona; Sayyida Al-Hurra, que nació en la península; Ching Shih o la irlandesa Grace O'Malley. "La figura de la mujer pirata fue omitida de la historia", reconoce Lobato. El interés de los presentes ya resulta evidente, ayuda a ello que el escritor ponga ejemplos cercanos de piratería, como algunos de los ataques sufridos en la Bahía en el siglo SXVI.

Ya se acerca a su obra y ofrece un contexto para sus personajes: la España donde reinaba la confusión entre lo legal y lo ilegal (pone el ejemplo de drogas que se vendían en el país como fármacos permitidos), los ambientes militares del Cádiz donde crecen, o las familias con pedigrí en la ciudad gaditana de las que proceden. Los tres actores principales, de diferentes personalidades y formas de actuar, tienen una idea común: "La vida o es una aventura, o no merece la pena". Eso los sacará de Cádiz y los llevará a Marbella, París, Roma, Milán o la Costa Azul, pero también a paraísos fiscales como Gibraltar, Liechtenstein, Aruba, las Islas Caimán o las Islas Vírgenes, donde les lleva su "presa favorita, el oro, la fiebre que les guía".

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