Cultura

Pues ustedes se lo perdieron

  • El gran patrón del rhythm and blues James Hunter ofrece con su sexteto un bolo memorable en Puerto Sherry ante poquísimos y bailongos asistentes.

No somos tantos en la provincia los aficionados a algo que llamaremos, por ser generalistas, rocanrol. Como tenemos una edad media relativamente alta -es muy extraño ver gente de menos de 30 años en los pocos conciertos que se organizan- nos conocemos, aunque sea de vista, casi todos desde hace tiempo. Y la queja protagoniza las recurrentes conversaciones. Que hay que ver qué poquitas cosas se hacen por aquí, que te tienes que ir fuera si quieres ver algo realmente bueno. Y ya no te digo cuando se conoció que el Monkey se largaba a Sevilla. El grito en el cielo. Y nada, más cervecillas en el bar hablando de nuestros vinilos como de tesoros de piratas y a ver si hacemos un viaje a Madrid para ver a tal o cual, que luego casi nunca hacemos. Los niños (los niños ya son casi todos bastante mayorcitos), la pasta, la pereza... Al final, la legítima pereza. "Para venir a un festival hay que estar mentalmente preparado", me decía anoche Félix, uno de los de este clan que les describo, como si me estuviera hablando de atravesar Siberia a pie.

Contrabando Freek Fest es una iniciativa privada donde tres empresarios se juegan su pasta. Juegan limpio. Confían en un mercado que conocen, saben que el margen es limitado. Si el mercado les falla, pierden. Apuestan y si palman, palman su pasta. Lo hacen en El Puerto porque empezaron en El Puerto, a pesar de que saben que puede pasar lo que ha pasado este fin de semana. El mercado estaba en las ferias, que tiene todo su derecho, pero que no se escuche ni una sola queja más de bar. En esta provincia la oferta rocanrolera es la que es porque la demanda es la que es. Así que si alguien quiere ver algo bueno, efectivamente, que se coja el Alvia. Ocurre algo parecido con los otros tres o cuatro promotores de conciertos de la provincia. Ya ni lo intentan.

Porque el Freek programado este año tenía un cartel con el nivel más alto posible. Se cazó a los grupos que este puente estaban rulando por las grandes capitales. Long Ryders y James Hunter lograron llenazos clamorosos días antes en Madrid. La noche del domingo, James Hunter, con sus cinco virtuosos, el gran patrón del rhythm and blues, un showman divertidísimo y una voz de nicotina como ya no hay, desgranó su repertorio para un puñado de incondicionales que no pararon de bailar y de maravillarse ante la imponente presencia de este fumador pequeñito en el escenario que tiene una garganta negra de oro macizo.

James Hunter es un británico mecido en los brazos de Van Morrison. Toda la música negra, como ocurrió con el irlandés, entró en su organismo y lo transformó en un Frankenstein del soul. Su disco Minute by minute, del que dio buena cuenta en Puerto Sherry, es posiblemente una de las últimas obras maestras de un ritmo que nos proyecta, es cierto, décadas atrás, pero que ya es inmortal. Sobre el escenario, Hunter se ríe con el público, se divierte, y alcanza notas imposibles. Él y su banda son reliquias que ya apenas pueden ser contempladas, piezas museísticas. Es posible que esto no valga para nada, que tenga el mismo valor que Tutankamón, pero esa evocación, el poder de traslación a la pureza, el viaje en el tiempo, es una experiencia que ya se queda dentro, un placer reservado para unos pocos. Quienes se lo perdieron se lo perdieron.

Previamente los australianos Money for Rope, que desde su última aparición en el Monkey han evolucionado a una psicodelia progresiva un poco castaña, machacaron la tarde con sus dos baterías tribales. Alucinante la percusión de esta banda. Uno pierde calorías sólo escuchándoles. Y, a continuación, una revelación, cortesía de los organizadores, los gallegos Limboos, que con sus mambos y sus rumbas originales, latinazos de tintes jazz y rock, dieron una pequeña y más que digna lección de la historia de la música de la segunda mitad del siglo XX con aroma a garitos de humo y casi uno se encuentra con Carmen Miranda y su sombrero de frutas dándose un garbeo por allí. Pero éramos pocos los que andábamos por allí. Si hubiera estado, la habríamos visto.

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