Arte

Un universo de felices esencias

  • En la exposición de la galería de la capital gaditana, Marina Anaya recrea ese universo de presentimientos, de formas amables que acarician el aire, que revolotean felices

Obra de Marina Anaya. Obra de Marina Anaya.

Obra de Marina Anaya.

Siempre hemos apostado por los artistas que poseen un lenguaje personal. Se está demasiado harto de tanta linealidad, de tanta pintura casi igual, con postulados que todos se parecen entre sí y existen muy pocos planteamientos que encierren argumentaciones poseedoras de una dimensión particular.

Hace tiempo que Marina Anaya nos viene convenciendo por su preclaro universo plástico, por esa pintura fresca, llena de bella ingenuidad y atractivos personajes. Con un lenguaje distinto, sin afectaciones, cercano y dirigido a todos, sus obras son atractivas en fondo y forma y sirven para que todos comprendan que el arte tiene infinitas posiciones diferentes y no esos manifiestos adocenamientos en los que tantos caen.

Es Marina Anaya artista habitual de la galería de Fali Benot. Desde años atrás se está llegando hasta Cádiz para ofrecernos ese sabia y acertada historia que ella cuenta con su voz personal e intransferible. Porque la obra de esta artista, palentina de nacimiento y afincada en Madrid, desentraña un relato donde la realidad transcurre infinitamente más feliz de lo que habitualmente lo hace. Episodios que hablan de amor, de amor feliz, de paisajes con horizontes llenos de dulces manifestaciones, de pájaros nuevos que traen reminiscencias pretéritas.

En la exposición de la galería gaditana de la Avenida Ramón de Carranza –esa que las absurdas politiquillas de memos desinformados han hecho cambiar por no sé qué nombre de interesadas connotaciones ajenas a Cádiz y su gente– Marina Anaya recrea ese universo de presentimientos, de formas amables que acarician el aire, que revolotean felices por un cielo vacío de impurezas. Sus obras suscriben un mundo de sensaciones en las que estas prevalecen por encima de los propios personajes, aun siendo éstos tan poderosos.

Plásticamente, la muestra, compuesta por pinturas y grabados, formula un desarrollo pictórico valiente, lleno de fresca entidad colorista, con las marcas de los verdes y los rojos emprendiendo una contundente realidad que potencia el sistema representativo que promueve cada una de las historias que vierten los cuadros. Marina Anaya inventa unos personajes llenos de esencialidad, son etéreas circunstancias que asumen posiciones reales y que suscriben las circunstancias de un mundo que necesita esas formas ilustres llenas de jocosa ingenuidad.

De nuevo, la bella pintura de Marina Anaya ocupa los espacios de una galería que confió en ella y en la sutileza de su patrimonio absolutamente convincente.

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